Bazares al por mayor

24 Ago
  • El comercio chino mayorista ya tiene diez naves industriales en Son Castelló y también se ha establecido en Son Fuster e Inca
  • Pimeco denuncia que algunos venden a particulares de manera ilegal

Las cajas de cartón llegan hasta el techo de uralita y los estrechos pasillos no tienen fin. Si hay un sitio en Palma donde se puede encontrar desde un enchufe hasta un hula-hop, pasando por un perro de porcelana, un paraguas o un biombo estampado de vaca, este es sin duda cualquiera de los múltiples grandes bazares que se han instalado en los polígonos industriales de la capital balear. Son naves de venta al por mayor y no paran de crecer en número. Además, también venden al detalle, lo que ha disparado las alarmas en el comercio convencional.

Sólo en Son Castelló, ya hay una decena de estos macrobazares, que también tienen presencia en Son Fuster, Son Valentí, Son Güells y el polígono de Inca. Los primeros se establecieron hace unos cinco años, pero en los últimos meses han incrementado su implantación a causa de la crisis. Ante las dificultades económicas, los dueños de estos negocios no han dudado en reinventarse y en convertir sus naves industriales en tiendas donde un particular puede obtener cualquier tipo de objeto a un precio muy ventajoso.

Hasta ahí, todo perfecto. Pero, ¿es legal? Pimeco, la patronal del pequeño comercio, denunció hace varios meses a siete comercios de este tipo por ofrecer venta al detalle –es decir a particulares– sobrepasando las dimensiones máximas permitidas. Según explicó ayer a este periódico Bernat Coll, presidente de la entidad, un establecimiento de más de 700 metros cuadrados no puede ofrecer productos a personas individuales, algo que según su punto de vista se está incumpliendo. Además, la patronal del pequeño comercio también reclama una inspección de trabajo en estas naves industriales, al entender que algunos empleados podrían no estar afiliados a la Seguridad Social. Los establecimientos denunciados siguen abiertos y se encuentran en Son Fuster, Playa de Palma, Ciudad Jardín e Inca.

Por el momento, Pimeco no ha localizado irregularidades en el Polígono de Son Castelló, el lugar que concentra el mayor número de estos comercios. En la calle 16 de julio, se encuentra el más antiguo de ellos:Gran Luxor. Por su parte, en Gran Vía Asima número cinco se asienta Idea Fantástica S.L., una nave industrial en la que puede encontrarse absolutamente de todo. «Vendemos al detalle, pero es totalmente legal», garantiza una empleada, que también aclara que hay un precio para mayorista y otro para particulares. Efectivamente, por sus interminables pasillos se pasean ciudadanos normales y corrientes a la búsqueda de productos a buen precio. Al mismo tiempo, otras personas recorren el lugar con carros llenos hasta arriba. «Mínimo, 10 euros», reza un cartel nada más entrar.

«Cada uno enfoca su negocio como quiere y si es legal, bien hecho está». Quien habla ahora es Toni Yoh, presidente de los empresarios chinos, que atendió ayer a este periódico en uno de sus negocios, el conocido restaurante Gran Dragón. Según su percepción, el comerciante chino «cada vez está más concienciado» de que debe cumplir la ley y lo hace «lo mejor posible». Si se ofrecen buenos precios, insiste, no es porque se vulneren las normas, sino gracias al espíritu de sacrificio –afirma que los chinos son «trabajadores y ahorradores»– y a la pericia a la hora de elegir las rutas comerciales más ventajosas.

Porque, ¿de dónde viene la mercancía? Basta pasearse por una de estas naves para comprobarlo. Made in China, dice en las cajas de cartón. Aunque lo cierto es que, después de abandonar el continente asiático, todas ellas van a parar a Madrid, lugar desde el cual vuelven a ser vendidas, esta vez ya sí con destino a Palma. Todas las naves de la capital balear tienen «los mismos proveedores», aseguran sus responsables. «El contacto con los importadores hace que podamos ofrecer un precio mejor que nadie», sostiene Yoh. ¿Y la calidad? El presidente de la patronal china dice que es «buena»; Bernat Coll, de Pimeco, que es «dudosa».

En lo que sí coinciden ambos, sin embargo, es en destacar la falsedad de las «leyendas urbanas» que señalan que los comercios chinos están exentos de pagar impuestos. Toni Yoh va incluso más lejos y amenaza con llevar ante la Justicia a cualquiera que vuelva a cuestionar la honorabilidad de estos comerciantes: «Se nos acusa constantemente con el dedo como si fuéramos delincuentes y ya estamos cansados».

Controlando un gran número de naves industriales, la comunidad china se hace con un escalón más de la producción y ensancha su campo de miras. Hoy, sus clientes mayoristas no sólo son chinos que regentan bazares, sino mallorquines con tiendas de souvenirs y africanos que venden en mercadillos.

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