La misión del padre Patrick

26 Ago
  • Es el primer sacerdote africano en Mallorca

  • Llegó en enero con el objetivo de encargarse de los fieles católicos nigerianos

Hubo un tiempo en que la Iglesia mandaba sacerdotes a evangelizar el mundo desconocido. Hombres blancos que, con sus hábitos, se internaban en un entorno extraño y muchas veces hostil. Hoy, cada vez son más los religiosos que hacen el camino de vuelta. Africanos y latinoamericanos que viajan a Europa –un mundo igualmente distinto al suyo– y se aventuran en los países de sus primigenios predicadores, en una curiosa carambola histórica.

Patrick Ndubisi es uno de ellos. Su piel oscura le confiere inevitablemente un gran exotismo. «No soy el primer hombre negro que llega a Mallorca», asegura, abriendo ampliamente los brazos. Y, evidentemente, no lo es. Pero sí es el primer sacerdote africano que pisa la isla con la misión de hacerse cargo de la fe de sus compatriotas. Y eso sí que llama la atención.

Él es de Nigeria. O, más concretamente, de Enugu, un pequeño estado situado en el este del país. Allí es donde se concentra la mayor parte de población católica, cuyos fieles representan el 40% del total de habitantes –los musulmanes son el 50% y viven sobre todo en el norte–. Poco podía imaginarse Patrick, a sus 32 años y desde su Nigeria natal, que acabaría viviendo en una tranquila isla del Mediterráneo.

Pero así fue. Un buen día, su obispo le dijo que tenía una misión: viajar a Mallorca y hacerse cargo de los católicos nigerianos de la isla. Patrick llegó al archipiélago el 22 de enero de este año, hace tan sólo siete meses. Y va a quedarse por un largo tiempo: cinco años. Puede que más.

La presencia del sacerdote fue, de hecho, una petición del Obispado de Mallorca, a la que se avino la Iglesia de Nigeria. Desde hacía años, los fieles nigerianos se concentraban en la iglesia de Sant Sebastià, en la barriada de Es Fortí, con lo que cada vez se hizo más evidente que hacía falta un religioso que comprendiera su idioma y sus necesidades. El párroco de Sant Sebastià, Alfred Miralles, trasladó esta necesidad a la Iglesia de Mallorca, que a su vez cursó la solicitud.

El Obispado le buscó a Patrick el mejor lugar donde podía vivir: la parroquia de Corpus Christi, situada en Son Gotleu. No en vano, en esta barriada palmesana hay un 41% de población extranjera, de la que el 70% es africana –sobre todo procedente de Nigeria, Senegal y Ghana–. Además, en la cercana iglesia de San José Obrero, donde Patrick da misa todos los domingos, se concentra buena parte de la comunidad católica nigeriana –el otro punto de reunión es la ya mencionada parroquia de Sant Sebastià–.

¿Y cuántos nigerianos católicos hay en Son Gotleu y en Palma en general? Eso es lo que está intentando averiguar Patrick. Desde que llegó a Mallorca, esa es una de sus misiones: localizar a todos los fieles con el objetivo de conocer sus necesidades y ayudarles lo mejor posible. Por el momento, sabe que existen 150. Pero «hay muchos más», afirma.

Su segunda misión es aprender castellano. Cada mañana, se desplaza hasta el Estudio General Luliano para seguir mejorando su conocimiento del idioma. En cinco años, Patrick está convencido de que llegará a dominar el español y el catalán. También quiere perfeccionar su francés, para así poder comunicarse con los senegaleses y otros ciudadanos africanos francófonos. Por el momento, se comunica principalmente en inglés, idioma en el que da las misas.

En Nigeria se hablan 510 lenguas distintas –sí, 510–, pero la oficial es la inglesa, al entenderse que aglutina a toda la población. Nigeria fue colonia británica y de ahí que la lengua habitual en la educación y las transacciones comerciales sea el inglés. Sin embargo, en las partes más rurales del país este idioma apenas se conoce.

De hecho, cuando se baja del altar, Patrick utiliza otras dos lenguas, de uso más popular: el igbo y el yoruba. La primera de ellas se habla en el este del país, mientras que la segunda es propia del sur. Ambas zonas son las de residencia mayoritaria de católicos. En cambio, en el norte, lugar de mayoría musulmana, se utiliza el hausa, idioma que Patrick desconoce.

¿Y de qué hablan? Patrick proporciona, sobre todo, orientación espiritual a sus fieles, aunque también les echa una mano a la hora de afrontar su exilio en Mallorca. La cultura nigeriana –y africana en general– es muy distinta a la europea –y mallorquina en particular–. En especial, cambia la concepción de la colectividad y el individuo. Los africanos, explica Patrick, ponen el acento en la familia y la comunidad, algo que en occidente cada vez sucede menos. 

«El contacto en África es muchomás cercano», asegura el sacerdote, que también indica que en el continente vecino «la colectividad es lo que da sentido» a la existencia de las personas. Cuando se le pregunta sobre la integración de los nigerianos entre los mallorquines es claro: los mayores no lo hacen demasiado. Pero es sólo cuestión de años: los niños van a la escuela, hablan catalán y castellano y están ya totalmente arraigados.


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