La tribu igbo vota por la paz

13 Sep
  • Es una de las tres comunidades nigerianas que residen en Palma

  • Celebra una votación para elegir a la nueva junta directiva de su asociación

Cruzas el umbral y ya estás en África. Por los altavoces suena música tradicional nigeriana y entre el auditorio no hay una sola persona de raza blanca –sólo los periodistas desentonan–. El colorido y la variedad de indumentarias es espectacular: los llamativos trajes tradicionales se mezclan con americanas de raya diplomática, camisas multicolor, zapatos de vestir con mucho betún y gafas de sol. Y hace mucho calor.

Momento de la reunión

El horario también es africano:los trámites se dilatan en la calurosa tarde palmesana. «¿A qué hora vais a terminar?», pregunta Alfred Miralles, párroco de Sant Sebastià y anfitrión de la reunión, que se celebra en una sala de su iglesia y que ha empezado a las cuatro. «A las nueve», responde Stanley Onyia, líder de la comunidad.  E inquiere intrigado:«¿Es demasiado?».

Los nigerianos igbo de Palma –son los miembros de una de las tres tribus con más implantación en el país y cuya religión es habitualmente la católica– celebraron ayer elecciones para elegir a la junta directiva de su asociación, la Igbo Progressive Association (IPA). El ganador por abrumadora mayoría –101 votos de 102– fue Emeka Okafor, quien hizo un llamamiento a la concordia. «Quiero luchar por la paz, la unidad y la integración de la tribu igbo», aseguró a este periódico, en un buen castellano, poco antes de ser elegido.

Lo que hacen o dejan de hacer los nigerianos está de gran actualidad tras la muerte en misteriosas circunstancias de uno de sus compatriotas en Son Gotleu, un hecho que generó un estallido de violencia en la barriada hace dos semanas. Estas circunstancias sobrevolaban ayer la reunión, aunque lo cierto es que nada tenían que ver con ella directamente.

El conflicto era otro: el enfrentamiento entre el fundador de la entidad, Stanley Onyia, y el díscolo William Ajuluchukwu, que celebró por su cuenta unas elecciones alternativas el pasado fin de semana en Son Gotleu. En la reunión de ayer, el comité electoral incluyó en las listas la candidatura de Ajuluchukwu, en un intento de integración. Sin embargo, ninguno de sus miembros acudió a la parroquia de Sant Sebastià, con lo que finalmente el ambiente fue muy tranquilo y pacífico –eso sí, una persona registraba todas las bolsas que entraban en la sala, para garantizar que no hubiera ningún objeto peligroso–. En consecuencia, Ajuluchukwu –cuya asociación alternativa cuenta con una cincuentena de personas frente al centenar de la oficialista– consiguió tan solo un voto.

«Todos sabemos que existen dificultades, pero la única solución es la unidad», señaló Alfred Miralles ante un abarrotado auditorio, en el que por otra parte tan sólo había dos mujeres –sólo las solteras pueden ser miembros, mientras que las casadas tienen su propia asociación–. «No hay nada peor para el pueblo nigeriano que más división, debemos ser capaces de practicar el perdón, la comprensión y la paz», prosiguió el párroco, que hizo un llamamiento a la integración de las dos asociaciones y avisó que, de lo contrario, no podrán volver a reunirse en la parroquia. «O todos o ninguno», avisó Miralles, que se granó un sonoro aplauso cuando pidió que se constituya una asociación «respetable, capaz de ser escuchada por las instituciones y que demuestre que los igbos son gente que ha venido a Mallorca a integrarse y trabajar y no a generar problemas».

Uno de los momentos culminantes fue cuando el párroco hizo entrar a los dos policías nacionales que custodiaban la puerta –su misión era intervenir en caso de que hubiera algún tipo de conflicto– y los colocó de cara al auditorio. «Les he pedido que vengan para que vean que ustedes quieren la paz y el diálogo», aseguró Miralles, que preguntó a los asistentes si estaban «dispuestos a respetar el orden». «¡¡¡Sí!!!», fue la unánime respuesta. «Quiero que la policía escuche de su boca este compromiso de luchar por la paz», añadió, en unas palabras que, inevitablemente, llevaban a pensar en los recientes conflictos en Son Gotleu.

El ambiente de ayer nada tenía que ver con el del estallido de violencia tras la muerte de Efosa Okosun: se respiraba tranquilidad y concordia. De hecho, el auditorio recibió de manera muy festiva a los candidatos cuando estos subieron al estrado.

Con un llamativo birrete rojo y una túnica decorada con coronas medievales doradas, Stanley Onyia insiste ante la prensa: «No somos gente violenta».

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