Archivo | noviembre, 2011

El barrio que se cae a las puertas de Marivent

28 Nov
  • Los vecinos empapelan Cala Major de carteles denunciando su degradación

  • En ningún lugar de Palma conviven mejor la opulencia con la marginación

Cala Major es el barrio de la Familia Real y Joan Miró, pero también es el barrio de los hoteles abandonados, los edificios Pullman y la falta de equipamientos sociales. Ni colegio público, ni escoleta, ni centros para la tercera edad en una zona con casi 6.000 residentes, la mitad de los cuales son extranjeros. Una situación que ha llevado a la Asociación para la defensa de Cala Major i Sant Agustí a empapelar el barrio con una serie de carteles que denuncian los distintos problemas que sufre esta barriada del ponent palmesano.

En ningún lugar de Palma conviven mejor la opulencia con la marginación. Hoteles de lujo (como el Nixe Palace) y apartamentos de diseño con acceso privado al mar se codean con edificios colmena y zonas en las que es mejor no pasearse a partir de según qué horas. En los carteles difundidos en los últimos días por las calles de la barriada, destacan los archiconocidos Pullman, pero también edificios abandonados, caminos públicos invadidos por la maleza –y por los cuales es imposible transitar–, paredes apuntaladas desde hace meses por su inestabilidad y locales del ayuntamiento infrautilizados.

'Skyline' de Cala Major

«El problema no son sólo los Pullman, es el barrio entero». Es la opinión de Andrés Juan Florit, presidente de la asociación de vecinos de la zona. Según su punto de vista, Cala Major sufre importantes problemas de «seguridad y limpieza», tiene carencias históricas –como la de un colegio público– y adolece, en definitiva, de «todo lo que un lugar necesita para una convivencia pacífica». Algo especialmente grave si se tiene en cuenta que Cala Major es una zona turística y, que por lo tanto, proyecta una imagen hacia el exterior de la isla.

Tal vez uno de los casos que mejor ejemplifica lo que está sucediendo es el del Hotel Uto Palace, una mole de diez pisos que antaño ofreció espectaculares vistas al mar a sus huéspedes y que hoy permanece abandonado –lo está desde hace años–, deteriorándose a pasos agigantados. Desde la costa son perfectamente visibles sus piscinas vacías y llenas de suciedad y escombros, aunque el edificio en sí ya es un poema, con paredes desmoronadas en las que se cuelan las palomas y un supermercado abandonado en su parte frontal. El inmueble estaba destinado a reformarse y albergar apartamentos de lujo, pero a día de hoy el proyecto está paralizado.

No es, ni mucho menos, el único hotel abandonado de la zona. Otros han tenido más suerte y ya están en vías de reconvertirse en establecimientos turísticos de alto standing. Es el caso de los hoteles Santa Ana, Cala Mayor y La Cala.Sin embargo, puntualiza Andrés Juan Florit, «de poco sirve invertir en los edificios si luego el entorno no acompaña». Y el entorno, desde luego, no acompaña. El proceso de degradación avanza a pasos agigantados a medida que se aleja más y más la materialización del Plan Especial de Reforma Integral (PERI), una ambiciosa iniciativa que el Ayuntamiento de Palma diseñó hace ya siete años para el barrio y que a día de hoy sigue en un cajón.

El hotel Uto, hoy abandonado (Cati Cladera)

Este proyecto, que iba acompañado de una Área de Rehabilitación Integral (ARI) para la zona de los edificios Pullman, debía dotar a la barriada de una escuela, equipamientos deportivos y intervenciones para combatir la delincuencia y la suciedad, así como de instrumentos para favorecer la integración entre los vecinos. «Somos la otra Playa de Palma, la olvidada», considera el presidente de la asociación vecinal, que acusa a los políticos –a «los de arriba»– de ignorar que en Cala Major «existe un submundo a pie de calle». La responsabilidad es suya, considera, y no de la creciente inmigración, a la que otros vecinos culpan de los problemas del barrio –de los 5.968 residentes, el 47% es extranjero y sólo una cuarta parte ha nacido en Mallorca–.

Como muestra del olvido y del abandono de la barriada, unos puntales se oxidan desde hace más de un año sosteniendo una pared que se cae en las inmediaciones del Colegio Inglés. Las barreras impiden el tránsito por la acera y obligan a los peatones a desviarse por el asfalto. ¿Hasta cuándo?

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/12/baleares/1318412708.html

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El declive de los vigías de la ciudad

23 Nov
  • Dos de los cinco molinos de Es Jonquet amenazan derribo

  • Los vecinos exigen a Cort que los expropie

  • Su rehabilitación, pendiente de un PERI que no estará listo antes de 2013

El cuerpo derrumbado; los brazos amputados; la cabeza al aire. Los molinos de Es Jonquet podrían ser pero no son. Tienen una de las vistas más privilegiadas de la ciudad –sus arcos son un balcón al mar– y cuentan con una belleza y una historia que puede ofrecer mucho a Palma, dándole un valor que la aleje de la creciente uniformización y monotonía de las ciudades turísticas mediterráneas. Sin embargo, permanecen olvidados y degradándose a pasos agigantados, a medida que el tiempo pasa y que el ámbito público y privado no se ponen de acuerdo en cómo resolver su futuro.

Molinos d'en Garriga y d'en Gelós (Cati Cladera)

Antes que nada una salvedad: no son todos. De los cinco molinos que hoy siguen en pie –según documentos históricos llegó a haber entre siete y nueve–, dos están en buen estado: el Molí del Nom de Déu y el Molí d’en Garleta. En cambio, los otros tres se encuentran en unas condiciones ruinosas. Son los molinos D’en Carreres, D’en Garriga i D’en Gelós. Estos dos últimos son los que amenazan ruina y los que han generado un mayor número de protestas y de informaciones periodísticas.

Y eso que en teoría son Bien de Interés Cultural (BIC). El Consell de Mallorca les otorgó está figura de protección en noviembre de 2009, a petición de la plataforma Salvem Es Jonquet y sin que de momento se haya derivado ninguna medida encaminada a su rehabilitación. No es extraño que lo hiciera: se trata de un conjunto de molinos harineros del siglo XVII que durante centenares de años han formado parte de la postal –y en su día, de la economía– de Palma. Un plano de 1644 ya documenta su existencia y son, en definitiva, una parte muy importante de la historia de la ciudad.

Entonces, ¿cuál es el problema? Básicamente, que son de propiedad privada. Si los molinos del Nom de Déu y D’en Garleta están rehabilitados es porque el Ayuntamiento los expropió a lo largo de la década de los 80. No ocurrió lo mismo con los otros tres, ya que cuando estaba a punto de iniciarse el proceso, el entonces alcalde –Joan Fageda– llegó a un acuerdo con los propietarios: se comprometían a repararlos y mantenerlos en buen estado. No hace falta decir que nunca lo hicieron.

Empezó a partir de entonces un creciente proceso de degradación que hoy ya amenaza, directamente, la pervivencia de estas dos construcciones, que antes del declive albergaron la popular discoteca Jack el Negro. Hace tan sólo unas semanas –en el mes de septiembre–, se desplomó parte del techo del molino D’en Garriguera. Y en estos momentos, pese a que el Ayuntamiento anunció que los tapiaría, sigue habiendo huecos en las rejas que permiten que los indigentes los ocupen, poniendo en riesgo su vida.

La solución al problema parece pasar por la redacción de un Plan Especial de Reforma Interior del barrio de Es Jonquet, anunciada en repetidas ocasiones por el Ayuntamiento de Palma y que está siendo uno de los partos administrativos más largos de los últimos tiempos. La redacción del plan salió a concurso en enero de 2011 y a día de hoy está adjudicada por la mesa de contratación a un equipo de arquitectos sin que todavía se haya empezado el trabajo. El motivo: la Junta de Gobierno de Cort aún no ha adjudicado “formalmente” el proyecto, según señalaron a este periódico fuentes de la Gerencia de Urbanismo. Cuando lo haga, el proceso de elaboración se alargará durante 15 meses más. Es decir: antes de 2013 no estará hecho.

Derrumbes en uno de los molinos (Cati Cladera)

Y el equipo político de Urbanismo no dará el visto bueno a la adjudicación hasta que haya estudiado con detalle la situación, que es lo que está haciendo en estos momentos. Se trata de analizar las implicaciones del BIC para la zona. Porque ese es el quid de la cuestión. Y no sólo en lo que hace referencia a los molinos.

Hay, efectivamente, otra cuestión sensible: la de dos proyectos urbanísticos en jugosos solares situados en la primera línea de Es Jonquet. La primera de ellas, que es la más importante y se sitúa en los terrenos denominados Mar i Terra, corre a cargo de Acciona y, de llevarse a cabo, supondría la construcción de 113 viviendas, un parking excavado en el talud en el que hoy se asoman los molinos y también un centro comercial. La segunda, ubicada en la parcela de Es Rentadors, contempla la construcción de 20 viviendas.

Los vecinos se oponen frontalmente a estos dos proyectos, al tiempo que reivindican la expropiación inminente de los molinos D’en Garriga y D’en Gelós.

Según los responsables políticos del Pacte, tanto el BIC como el posterior PERI deben evitar estos proyectos urbanísticos, pero hoy todo está en el aire. Con tanto contratiempo, lo que parece extraño es que los molinos de Es Jonquet sigan vigilando la ciudad desde su atalaya. Mientras, muchos de sus hermanos –o primos– van muriendo en el campo. Ya lo canta Toni Morlà: “Cementeri de molins / és tot es camp de Mallorca / que si fa vent no importa / són bubotes es mesquins”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/16/baleares/1318760919.html

Inmigrantes: de rescatadores a rescatados

23 Nov
  • Los locutorios registran una caída de los envíos monetarios al extranjero

  • Hay un gran aumento de llegadas de dinero procedentes de las familias de origen

  • Unas 9.000 personas se marcharon de Baleares rumbo a otros países

El dinero viene tip tip tip. Sunny no encuentra la palabra adecuada y recurre a la onomatopeya. Da igual, se le entiende perfectamente: con la crisis, nadie gasta ni un céntimo y el dinero llega con cuentagotas. En los nueve años que lleva regentando el locutorio Cyberama de la calle Eusebi Estada, no había visto nada igual. Hasta la nevera está llena a rebosar de refrescos. Ni bebidas compra la gente.

Sunny atiende a la clientela (Jordi Avellà)

 La situación ha llegado a tal extremo que los inmigrantes que residen en las Islas, responsables hasta hace muy poco del envío de dinero a sus familias de origen, ahora son quienes necesitan que alguien les mande algunos billetes. Así de claro. A medida que los envíos de dinero se han ido reduciendo a causa de la crisis y el paro, han aumentado de manera muy importante los ingresos de cantidades económicas, procedentes sobre todo de Latinoamérica. «La gente no manda, cobra», resume Sunny, que llegó a Mallorca desde su Nigeria natal hace 13 años. La bajada en los envíos de dinero supera el 50%, según han coincidido en asegurar los locutorios consultados por este periódico. A Mohamed, por ejemplo, un marroquí que regenta un establecimiento en Inca, mandar dinero a otras partes del mundo le reportaba mensualmente unas ganancias de 200 euros, cantidad procedente de las comisiones. Ahora, sin embargo, esta cifra sólo alcanza los 70 u 80 euros al mes.

«Antes, los cobros de dinero ni siquiera existían», explica Mohamed.Ahora, sin embargo, son la norma. La tendencia empezó en 2008, abunda, al tiempo que especifica que con la crisis a lo único que puede aspirar es a «cubrir gastos». Y a esperar que pase la tormenta.

El aumento de los cobros no es más que un nuevo síntoma de que las tornas están cambiando. Cada vez son más los inmigrantes que regresan a sus países de origen, porque allí la crisis no es tan virulenta. Argentina, sin ir más lejos, es ahora mismo un país emergente. Y también Brasil.

Las cifras hablan por sí solas. Según las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE), 580.850 inmigrantes habrán abandonado España en 2011, mientras que 450.000 entrarán en las fronteras del país, con lo que el saldo será negativo por primera vez en décadas (130.850 menos).

La tendencia seguirá

Está previsto que la tendencia se mantenga durante toda la próxima década, aunque a un ritmo más bajo (la bajada en 2020 sería de algo 62.618 personas).

Por lo que se refiere a Baleares, el saldo entre emigrantes e inmigrantes sigue siendo positivo, aunque por poco. Después de años y años con aumentos en el número de extranjeros que se contaban por decenas de millares, en 2011 se ha producido un incremento muy tímido: 316 personas. Tan sólo un año antes, este aumento era de 4.694. Y previamente a eso –entre 2008 y 2009–, de 14.526. La tendencia está clara.

El Institut Balear de Estadística (Ibestat) aporta por su parte estudios más detallados, aunque también menos actualizados. De los 62.251 emigrantes que se registraron en Baleares en 2009, apunta el Ibestat, 25.254 fueron extranjeros.

Es decir, algo más de 25.000 personas de nacionalidades distintas a la española cambiaron de residencia en el archipiélago hace dos años. De entre todos los emigrantes, tan sólo 8.785 se fueron a un país extranjero. Paralelamente a los 62.251 emigrantes, se registraron 70.953 inmigrantes.

Sunny no tiene ninguna intención de abandonar Baleares, un lugar en el que han nacido sus dos hijos. Eso sí, para sobrevivir en tiempos de crisis, se ve obligado a trabajar siete días a la semana durante las horas que haga falta.

No cierra nunca. Y a los cuatro empleados que llegó a tener en tiempos de bonanza, los ha tenido que despedir para hacer frente a la crisis.

Todo esto lo cuenta apoyado en el mostrador de su locutorio, lleno a rebosar de chocolatinas, chupachups, piruletas, patatas fritas y chicles, por mencionar tan sólo algunos artículos. El mueble es cortesía de Western Union, la empresa especializada en envíos de dinero que tiene franquicias por todo el mundo. Y como se trata de renovarse o morir, el mostrador ya se hace eco de las nuevas tendencias: «¿Puedo recibir dinero en minutos?», reza en grandes letras. En el exterior, por el contrario, persisten las referencias a envíos a otros países, tanto latinoamericanos, como africanos o europeos.

¿De quién es la culpa de la crisis? Sunny lo tiene claro. Él no tiene la culpa, ni tampoco ninguno de los clientes que el día del reportaje circulan por el locutorio. Los políticos, tampoco. Los culpables son «los bancos». «Tanto préstamo, tanta hipoteca…», se lamenta.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/17/baleares/1318837415.html

Zancos y malabares para no quedarse en la calle

23 Nov
  • El Circo de la Vida imparte talleres de acrobacias, monociclo y zancos

  • ‘Son Roca es un barrio conflictivo, hay que engancharles con algo’

¿Quién querría estar tirado en la calle pudiendo hacer acrobacias con un monociclo? Los niños lo tienen claro: el circo les encanta. Y los monitores también: enseñarles a hacer equilibrios y contorsiones les aleja de los problemas y les ayuda a construir una vida plena.

El Circo de la Vida, una entidad especializada en organizar actividades circenses con un uso benéfico y social, ha iniciado este mes de octubre –y hasta diciembre– un curso de tres meses para los niños de la barriada de Son Roca. Les enseña malabares, teatro de sombras, acrobacias, equilibrios y a caminar en zancos. Además, también imparte otros talleres no relacionados con el circo, como la construcción de un cajón flamenco, baile flamenco y teatro.

El monitor ayuda a un alumno con el monociclo (Reportaje gráfico: Jordi Avellà)

Algunos son niños con problemas. Otros no. Pero, en cualquier caso, lo que está claro –así lo aseguran sus organizadores– es que estas actividades les entretienen y les proporcionan formas alternativas de divertirse, algo que luego van a poder seguir aprovechando durante toda la vida. Lo importante es engancharles con algo para que no estén por ahí”, resume Violeta, coordinadora y educadora social de El Circo de la Vida.

El día en que se lleva a cabo el reportaje es el primero del curso dedicado a juegos aéreos, acrobacias, equilibrios, monociclo y zancos. Una veintena de niños mira embobada al monitor, un acróbata conocido con el nombre de Marc Filigranes, que les instruye en el arte de pedalear con una sola rueda y desplazarse agarrados a dos grandes palos de madera. No es nada fácil.

De pie, a un lado, una joven con un llamativo tatuaje –le recorre el muslo y la pantorrilla, de arriba a abajo, con filigranas en forma de ramas de árbol– controla todo lo que sucede. Resulta ser Abigail, una chica de la barriada que participó durante toda su infancia en talleres similares y que, de esta manera, encontró su vocación: ahora trabaja como monitora de Naüm, la entidad de las Hermanas de la Caridad de Sant Vicenç de Paül que organiza todo tipo de actividades para el barrio de Son Roca –El Circo de la Vida lleva a cabo sus cursos en el marco de un proyecto más amplio: el del proyecto socioeducativo de Naüm–.

“Ellos me ayudaron a mí y ahora la que ayuda soy yo”, resume Abigail, que con sus 19 años habla con una autoridad que, en teoría, le correspondería a una persona mayor.

“Este es un barrio conflictivo”, explica, al tiempo que enfatiza que actividades como las de El Circo de la Vida entretienen a niños y adolescentes de riesgo durante buena parte de los días de la semana. De hecho, en verano ha habido actividades de lunes a viernes. “En vez de estar jugando en la calle, aquí tienen otras cosas que hacer”, abunda. “Y los padres están tranquilos”, añade.

La frase se le queda prácticamente a medias, ya que un niño le pide ayuda para andar con sus zancos. Ella le agarra del torso para que él no pierda el equilibrio. Y empiezan a caminar.

Un niño hace equilibrios con una tabla

A Marc Filigranes se le nota la habilidad en el cuerpo. Delgado y ágil, se sube a los zancos y les explica a los chicos cómo deben impulsar el cuerpo para no caerse. Luego, les da a probar el juguete a todos. Y lo mismo con el monociclo, la más complicada de todas las actividades.

Al igual que el resto de educadores que trabajan para el proyecto, Marc no sabe cuándo va a cobrar, ya que las entidades que financian la iniciativa –en especial el Ayuntamiento de Palma– no saben decirle cuándo van a disponer del dinero. Será en 2012, pero no tienen ni idea del mes en que se va a producir. “Ni siquiera sé si voy a cobrar, la verdad”, llega a dudar.

Sin embargo, no por ello deja de impartir los cursos, al entender que son muy importantes para el barrio. En su cabeza, contempla un proyecto mucho más ambicioso: el de una gran escuela de circo que pueda alimentarse de chicos como los de Son Roca, con una base ya aprendida. Sin embargo, eso sí que está lejos de materializarse. O al menos por el momento.

Su experiencia en el rescate de niños de riesgo con actividades circenses atraviesa las fronteras. Y los mares. Marc ha llevado a cabo, junto con otros educadores, un programa de El Circo de la Vida en Latinoamérica, más concretamente en los países de Colombia y Ecuador.

Al final de la clase, el chaval de los zancos ya recorre todo el patio con seguridad y a toda velocidad. En algunos años, tal vez –quién sabe– lo haga mientras escupe fuego hacia el cielo, admirando a niños como él.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/18/baleares/1318919842.html

Las joyas de Santa Catalina

22 Nov
  • El barrio atesora decenas de casas modernistas y mucha historia

  • ARCA pide la protección de todo el conjunto

Santa Catalina esconde secretos que los palmesanos ignoran. Y no porque estén ocultos –todo lo contrario: están bien visibles–. Tal vez por desconocimiento, tal vez por aquello de no valorar lo propio, decenas de casas modernistas, baldosas coloridas y detalles preciosistas pasan desapercibidos al común de los ciudadanos.

¿Quién sabe que Santa Catalina es el barrio externo a las murallas más antiguo de Palma? ¿O que sus calles se diseñaron a finales del siglo XIX a imagen y semejanza –eso sí, a pequeña escala– de ensanches como el de Barcelona? La mayor sorpresa llega al descubrir cómo un modernismo popular, ajeno a las genialidades de arquitectos de renombre, se abrió paso en un barrio sencillo, impregnándose –paradójicamente, teniendo en cuenta las características del movimiento– de la austeridad más palmesana.

Todo un patrimonio que, sin embargo, adolece de figuras urbanísticas que lo protejan. «¿Ves esta casa modernista?», interroga a EL MUNDO/El Día de Baleares Àngels Fermoselle, de la entidad proteccionista ARCA. «Pues si alguien la compra y la quiere tirar, puede hacerlo sin ningún problema», recalca.

Calle de Santa Catalina (Foto: ARCA)

No se trata de catalogar edificio por edificio, afirma Fermoselle. Las reivindicaciones de ARCA van en un sentido mucho más amplio: el colectivo pide al Ayuntamiento que declare todo el barrio conjunto histórico, de manera que se preserven edificios emblemáticos y que cualquier obra nueva respete la personalidad del conjunto. Eso sí, sin ser tampoco «muy estrictos», añade.

Un punto de vista que el consistorio palmesano no rechaza de pleno, pero al que sí pone matices. «Siempre colaboraremos en la preservación de espacios característicos», aseguró a este diario Jesús Valls, teniente de alcalde de Urbanismo, quien, sin embargo, puntualizó que toda protección se debe «compaginar con la seguridad jurídica, el momento económico y la vida cotidiana de las personas». En este sentido, valoró «muy mal» algunas políticas de protección que llevan a la «degradación de edificios históricos» porque el coste de su rehabilitación es «desproporcionado» y no son «adaptables» a reformas para hacerlos «habitables».

La visita de este periódico a Santa Catalina empieza, de la mano de ARCA, en la esquina de la calle Anníbal con Avenida Argentina, el lugar donde hace pocos meses las máquinas acabaron con un edificio característico del barrio, en contra de la voluntad de la mayor parte de los vecinos. Donde estaba la casa, ahora hay un solar vacío que permanecerá así hasta que alguien se decida a construir, algo muy complicado en los tiempos que corren.

Cuando por fin lo haga, se regirá por unas normas que nada tienen que ver con la tipología urbanística del barrio. Así lo remarca ARCA: la legislación que regula las nuevas viviendas en Santa Catalina es exactamente la misma que en cualquier otra barriada de Palma, lo que lleva a la construcción de edificios que desentonan, con chaflanes en lugar de las características esquinas redondeadas y voladizos que invaden la acera a partir del primer piso, rompiendo la línea de la calle. La situación es preocupante si se analiza la gran cantidad de solares vacíos existentes, aptos para construir sin cortapisas en cualquier momento.

En la otra cara de la moneda, están los propietarios que han rehabilitado viviendas ya existentes o han construido respetando el carácter del barrio, atrayendo de esta manera a paseantes, comercios y restaurantes. «Eso es dar valor añadido», opina Fermoselle.

Edificio de la Calle Anníbal, antes de su demolición

Albert Herranz, escritor y miembro también de ARCA, es el encargado de hacer los apuntes históricos. Santa Catalina no es sólo el barrio más antiguo de Palma externo a las murallas, sino que ya en el siglo XV hay testimonios gráficos de sus primeros pobladores. En concreto, la primera foto de la barriada la hizo el pintor Pere Niçard en su famoso Sant Jordi (1468). En él, aparece la carretera de Porto Pi –hoy calle Sant Magí– y la iglesia de los hermitaños, construida por sacerdotes que provenían de Tarragona y que trajeron a la capital el culto al patrón de esta ciudad catalana, que no es otro que Sant Magí.

Las calles y sus leyendas

La siguiente anécdota es más divertida. La cuenta al atravesar la calle Pursiana, probablemente deformación de la palabra prusiana y atribuible, según la leyenda, a una prostituta de Prusia que vivió en el barrio.

Cada esquina tiene su miga, aunque haya que recurrir al recuerdo. Donde ahora hay un edificio moderno, se alzó Can Tatxa, lugar donde antaño dormían los fichajes peninsulares del_Mallorca cuando llegaban a la isla. Y en algunas partes, aún pervive el trazado de cuando Santa Catalina, barrio popular y marinero, era el polígono industrial de Palma.

Desde Avenida Argentina hasta Joan Crespí, de un lado, y desde Es Jonquet hasta la calle Industria, del otro, Santa Catalina sigue siendo «el único pueblo de Mallorca sin ayuntamiento», según bromean sus vecinos. La cuestión es que su espíritu perviva.