Zancos y malabares para no quedarse en la calle

23 Nov
  • El Circo de la Vida imparte talleres de acrobacias, monociclo y zancos

  • ‘Son Roca es un barrio conflictivo, hay que engancharles con algo’

¿Quién querría estar tirado en la calle pudiendo hacer acrobacias con un monociclo? Los niños lo tienen claro: el circo les encanta. Y los monitores también: enseñarles a hacer equilibrios y contorsiones les aleja de los problemas y les ayuda a construir una vida plena.

El Circo de la Vida, una entidad especializada en organizar actividades circenses con un uso benéfico y social, ha iniciado este mes de octubre –y hasta diciembre– un curso de tres meses para los niños de la barriada de Son Roca. Les enseña malabares, teatro de sombras, acrobacias, equilibrios y a caminar en zancos. Además, también imparte otros talleres no relacionados con el circo, como la construcción de un cajón flamenco, baile flamenco y teatro.

El monitor ayuda a un alumno con el monociclo (Reportaje gráfico: Jordi Avellà)

Algunos son niños con problemas. Otros no. Pero, en cualquier caso, lo que está claro –así lo aseguran sus organizadores– es que estas actividades les entretienen y les proporcionan formas alternativas de divertirse, algo que luego van a poder seguir aprovechando durante toda la vida. Lo importante es engancharles con algo para que no estén por ahí”, resume Violeta, coordinadora y educadora social de El Circo de la Vida.

El día en que se lleva a cabo el reportaje es el primero del curso dedicado a juegos aéreos, acrobacias, equilibrios, monociclo y zancos. Una veintena de niños mira embobada al monitor, un acróbata conocido con el nombre de Marc Filigranes, que les instruye en el arte de pedalear con una sola rueda y desplazarse agarrados a dos grandes palos de madera. No es nada fácil.

De pie, a un lado, una joven con un llamativo tatuaje –le recorre el muslo y la pantorrilla, de arriba a abajo, con filigranas en forma de ramas de árbol– controla todo lo que sucede. Resulta ser Abigail, una chica de la barriada que participó durante toda su infancia en talleres similares y que, de esta manera, encontró su vocación: ahora trabaja como monitora de Naüm, la entidad de las Hermanas de la Caridad de Sant Vicenç de Paül que organiza todo tipo de actividades para el barrio de Son Roca –El Circo de la Vida lleva a cabo sus cursos en el marco de un proyecto más amplio: el del proyecto socioeducativo de Naüm–.

“Ellos me ayudaron a mí y ahora la que ayuda soy yo”, resume Abigail, que con sus 19 años habla con una autoridad que, en teoría, le correspondería a una persona mayor.

“Este es un barrio conflictivo”, explica, al tiempo que enfatiza que actividades como las de El Circo de la Vida entretienen a niños y adolescentes de riesgo durante buena parte de los días de la semana. De hecho, en verano ha habido actividades de lunes a viernes. “En vez de estar jugando en la calle, aquí tienen otras cosas que hacer”, abunda. “Y los padres están tranquilos”, añade.

La frase se le queda prácticamente a medias, ya que un niño le pide ayuda para andar con sus zancos. Ella le agarra del torso para que él no pierda el equilibrio. Y empiezan a caminar.

Un niño hace equilibrios con una tabla

A Marc Filigranes se le nota la habilidad en el cuerpo. Delgado y ágil, se sube a los zancos y les explica a los chicos cómo deben impulsar el cuerpo para no caerse. Luego, les da a probar el juguete a todos. Y lo mismo con el monociclo, la más complicada de todas las actividades.

Al igual que el resto de educadores que trabajan para el proyecto, Marc no sabe cuándo va a cobrar, ya que las entidades que financian la iniciativa –en especial el Ayuntamiento de Palma– no saben decirle cuándo van a disponer del dinero. Será en 2012, pero no tienen ni idea del mes en que se va a producir. “Ni siquiera sé si voy a cobrar, la verdad”, llega a dudar.

Sin embargo, no por ello deja de impartir los cursos, al entender que son muy importantes para el barrio. En su cabeza, contempla un proyecto mucho más ambicioso: el de una gran escuela de circo que pueda alimentarse de chicos como los de Son Roca, con una base ya aprendida. Sin embargo, eso sí que está lejos de materializarse. O al menos por el momento.

Su experiencia en el rescate de niños de riesgo con actividades circenses atraviesa las fronteras. Y los mares. Marc ha llevado a cabo, junto con otros educadores, un programa de El Circo de la Vida en Latinoamérica, más concretamente en los países de Colombia y Ecuador.

Al final de la clase, el chaval de los zancos ya recorre todo el patio con seguridad y a toda velocidad. En algunos años, tal vez –quién sabe– lo haga mientras escupe fuego hacia el cielo, admirando a niños como él.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/18/baleares/1318919842.html

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