Archivo | diciembre, 2011

De la ‘telemunar’ a la degradación

28 Dic
  • El edificio protegido donde la ex presidenta del Consell quería ubicar su televisión se deteriora a pasos agigantados

  • ARCA reclama que el propietario lo deje como estaba

El edificio de Son Puig va directo al abismo víctima de las batallas políticas, los proyectos faraónicos del pasado y la indiferencia.El majestuoso inmueble que fue elegido por Maria Antònia Munar para albergar la radiotelevisión del Consell de Mallorca –siendo ella presidenta de la institución– está en un estado deplorable de conservación después de años de tramitaciones burocráticas que nunca llegaron a buen puerto.

Aspecto actual de Son Puig (Fotos: ARCA)

La historia empieza en el verano de 2006, cuando el Consell de Munar adjudicó a Tema Concesionaria S.A., una filial de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), la puesta a punto de la sede de la futura radiotelevisión. La constructora ofreció el edificio de Son Puig –sobre el que tenía una opción de compra– para ubicar los estudios de la cadena y la institución insular dio su visto bueno a la operación, que iba a costarle la friolera de 112 millones de euros a pagar en 40 años. Tema Concesionaria S.A. fue la única empresa que se presentó al concurso.

Eran los tiempos de las obras públicas faraónicas y la crisis ni siquiera asomaba en el horizonte, con lo que a la institución insular, gobernada en aquel entonces por Unió Mallorquina con el apoyo del PP, no le pareció mala idea hipotecar sus cuentas durante cuatro décadas. Sin embargo, el proyecto se topó siempre con la oposición del Ayuntamiento de Palma, donde tanto los técnicos como los políticos –inicialmente del PP y luego del Pacte– nunca le dieron su visto bueno. Más de cinco años después, la iniciativa está totalmente abandonada –de hecho, la radiotelevisión ya ni siquiera existe– y el edificio, que en su día fue muy bello, está pereciendo.

Basta acercarse hasta él para comprobarlo. El reloj de sol de la fachada, que fija en 1845 la fecha de construcción del inmueble, está rodeado de grafitis, puertas tapiadas y cristales rotos. No hay ningún tipo de barrera que impida el paso a la finca, con lo que todo el que ha querido acercarse ha podido hacerlo. Además, alguien ha derribado los ladrillos que cerraban el acceso a la clastra –el edificio está construido a partir de una antigua possessió–, en su día repleta de macetas y cuidados arbustos y hoy invadida por la maleza y la basura. Cinco años han bastado para deformar totalmente el lugar, en el que, como en el Manderley de Rebecca, la naturaleza –y en este caso el vandalismo– se ha abierto camino. Tanto, que al comparar las fotografías del antes y el después cuesta creer que se trate del mismo sitio.

La clastra de Son Puig hace cinco años, antes de que el Consell quisiera comprar el edificio

Son Puig es un inmueble protegido –está incluido en el Catálogo de edificios y elementos de interés histórico, arquitectónico y paisajístico de Palma– y, de acuerdo con esta situación, el dueño tiene la obligación de conservarlo, mantenerlo y custodiarlo. Es por ello que la asociación proteccionista ARCA reclama al Ayuntamiento de Palma que obligue a la propiedad a «recuperar el buen estado de conservación en que encontró el edificio y el entorno cuando lo compró». En caso de que no lo haga, la entidad insta al Consistorio a «ejecutar los trabajos repercutiendo los costes en la empresa», tal y como dice la Ley de Patrimonio Histórico. Este periódico se puso ayer en contacto con Tema Concesionaria para conocer su versión de los hechos pero no obtuvo ninguna respuesta.

El proyecto de Son Puig prácticamente nació muerto. Tan sólo tres meses después de adjudicarse el concurso, la Comisión de Centro Histórico de Palma ya dejaba claro que era muy complicado que obtuviera los permisos necesarios. La iniciativa contemplaba importantes modificaciones en un edificio catalogado –la más agresiva, la construcción de un sótano de 11 metros de profundidad para ubicar los platós de la televisión– y los técnicos siempre consideraron que Son Puig era un lugar totalmente inadecuado para ubicar unos estudios de televisión. A todo ello, se sumaba la batalla política que protagonizaban en aquella época Maria Antònia Munar –que tal vez inicialmente esperaba obtener el favor de Cort– y el entonces concejal de Urbanismo, el popular Javier Rodrigo de Santos.

El interior en la actualidad (Cati Cladera)

A pesar de todo, la Comisión dio su brazo a torcer en marzo del año siguiente, cuando la promotora cambió el proyecto y situó los platós debajo del aparcamiento, que debía construirse en las inmediaciones del edificio. Sin embargo, en julio llegaba un nuevo contratiempo: el Ayuntamiento denegaba la licencia de obras por diversas irregularidades. Ante esta situación, el Consell –en 2009, ya durante el mandato de la socialista Francina Armengol– anuló el concurso público, con el que, por otra parte, no estaba de acuerdo desde un punto de vista político.

La cosa tampoco se acabó ahí. Tema Concesionaria llevó el caso a los tribunales y hace tan sólo dos meses logró una primera sentencia que obliga al Consell a indemnizarla con 7,7 millones de euros, al considerar el juez que adjudicó el contrato a sabiendas de la catalogación del edificio. La institución insular lo ha recurrido. Mientras llega el final de la batalla judicial, el tiempo, como una hormiguita, acaba cada día un poco más con el edificio.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/22/baleares/1324558574.html

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De la indignación al ahorro ético

27 Dic
  • Las entidades bancarias que priorizan los fines sociales y la transparencia crecen en Baleares
  • Los clientes de Caixa Colonya suben un 25% y Triodos Bank está a punto de afianzar 3.000 ‘libretas’
  • Melé: “La codicia nos ha cegado, para que uno gane mucho dinero a corto plazo otra gente tiene que padecer”
  • Sa Nostra afirma que la banca convencional también tiene controles
 

«Gracias por existir, a la banca ética». Armados de papel, cinta adhesiva y espray, dos manifestantes imprimían el pasado verano este lema en la cristalera de una oficina bancaria de Palma. Mientras otras entidades financieras se llevaban duros calificativos por parte del movimiento indignado –que les responsabilizaba de la crisis–, los bancos y cajas especializados en lo que ha venido a denominarse ahorro ético se erigían en mirlo blanco en medio de un panorama poco alentador.

Hoy, casi un año después del estallido del 15-M, los efectos se han hecho notar: las entidades bancarias que practican el ahorro ético en Baleares (Caixa Colonya y Triodos Bank) experimentan un importante aumento de clientes. La caja pollencina, con 130 años de historia, ha conseguido un crecimiento del 25% en el número de usuarios de ahorro ético, mientras que Triodos Bank, entidad holandesa con presencia en cinco países europeos, está a punto de afianzar 3.000 clientes en Baleares, habiendo abierto su primera oficina en las islas hace tan sólo un año.

Antoni Amengual, responsable de Ahorro Ético de Caixa Colonya (Alberto Vera)

La banca ética surge como una alternativa a instituciones financieras convencionales, directamente golpeadas por la crisis al haber participado en la burbuja inmobiliaria. De hecho, Caixa Colonya es una de las dos entidades bancarias de España –la otra es Caixa Ontinyent– que se han salvado de las fusiones impuestas por el Gobierno, al haberse mantenido al margen de los grandes mercados y haber alcanzado las exigencias de solvencia necesarias para continuar con su actividad tal y como venían desarrollándola. Hoy, se presentan como las únicas que pueden garantizar una actividad bancaria con valores morales, alejados de la especulación y las inversiones poco confesables.

¿Cuestión de imagen o algo más? Tanto Caixa Colonya como Triodos Bank tienen una historia que viene de lejos, un hecho que les sirve para negar tajantemente que su actividad sea una etiqueta de marketing para aprovechar una moda o un enfado social puntual. «Si alguien entiende la banca ética como una campaña de imagen, tarde o temprano se le caerá la careta y se la pegará», afirma Antoni Amengual, coordinador de Ahorro Ético de Caixa Colonya, en marcha desde 1999. «Eso sería si apareciéramos ahora, pero en 2006, cuando abrimos la primera oficina en España -en plena bonanza económica-, nos tildaban de locos», añade Joan Antoni Melé, subdirector de Triodos Bank. En todo caso, asegura este último, la coyuntura actual constituye «una oportunidad» para que los ciudadanos les conozcan.

La banca ética se sustenta, en líneas generales, en dos ejes. De un lado, sus miembros invierten siempre en economía productiva –nunca especulativa–, teniendo en cuenta unos valores e impulsando proyectos que reviertan en la sociedad; del otro, actúa con transparencia y publica periódicamente todas las inversiones que se llevan a cabo con el dinero de los ahorradores.

Joan Antoni Melé, subdirector de Triodos Bank

¿Qué hacen las entidades financieras convencionales? «Ese es el problema, que no lo sabemos», opina Melé. «Les tendríamos que preguntar a ellas, puesto que ninguna ley les obliga a actuar con transparencia», prosigue, para añadir que «la gente se queda sorprendida cuando descubre en qué invierten el dinero algunos de estos bancos». Él no lo menciona explícitamente, pero otros organismos, como Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares o Setem, acusan a los principales bancos españoles (entre ellos, BBVA, Santander, Bankia, Sabadell) de financiar mediante créditos, bonos o acciones a fabricantes de armas, por poner un ejemplo. La participación en industrias contaminantes o en empresas que no respetan los derechos laborales son otras de las actividades que se imputan a la banca tradicional.

Las entidades financieras convencionales rebaten esta visión. Fuentes de Sa Nostra recalcaron ayer a este periódico que, en su caso, existe un fuerte control que garantiza la transparencia e impide comportamientos poco éticos. Además de una asamblea general con representación de clientes, instituciones y empleados, Sa Nostra cuenta con «una comisión de control con ocho miembros independientes que se reúne mensualmente y vigila el correcto funcionamiento de la entidad». A todo ello, se une un código de conducta y una obra social que «no desaparece» pese a la integración de la caja en el banco Mare Nostrum.

Antoni Amengual discrepa de este último punto. La obra social, asegura, se reducirá –o incluso «desaparecerá»– con la conversión de las cajas de ahorros en bancos, un hecho que tendrá «unas consecuencias sociales catastróficas». «La codicia y la especulación nos han cegado, para que uno gane mucho dinero a corto plazo otra gente tiene que padecer; hemos perdido la razón y si no cambiamos lo pagaremos con conflictos sociales», remata Melé.

¿Te has quedado con ganas de leer más? Entrevista a Joan Antoni Melé

 

Una vida plena más allá del cuerpo

20 Dic
  • Aspace intenta dar cada día una vida normal a sus 108 usuarios

  • Su reto es depender menos de las instituciones

La película ‘Mi pie izquierdo’ mostró al mundo que detrás de una persona con parálisis cerebral puede esconderse un artista prodigioso. Daniel Day Louis, que obtuvo un Oscar por el papel, fue el encargado de dar vida a un personaje verídico, un irlandés llamado Christy Brown que sólo conservaba plenas facultades físicas en su pie izquierdo. Con esta extremidad, en un ejercicio de tenacidad y superación personal –y con la ayuda de su luchadora madre–, pintó cuadros, escribió libros y forjó una leyenda.

Jesús y Marcos, en Aspace (Reportaje gráfico: Cati Cladera)

Marcos es aún muy pequeño para saber lo que le deparará la vida, pero de momento ya es un apasionado de la informática. Al igual que Christy Brown, es un chico inteligente –en su caso tiene diez años– al que la naturaleza y el azar le jugaron una mala pasada. Pero no por ello –de nuevo al igual que el personaje cinematográfico– renuncia a tener una vida plena. En la Asociación de Parálisis Cerebral de Baleares (Aspace), a la que acude cada día, le ayudan a conseguirlo.

“Cuando cae la conexión a internet se enfada mucho”, explica Jesús Hernando, gerente de la entidad, que este año celebra su 35 aniversario. Son tiempos difíciles para las asociaciones de personas discapacitadas, que luchan por mantenerse a flote mientras los impagos de la administración pública –que no tiene dinero en efectivo– las estrangulan más y más. Es por ello que Aspace, que acaba de renovar su junta directiva, se plantea como reto depender cada vez menos de las instituciones.
Mientras llegan las ideas para conseguirlo, prosigue con su labor diaria. El día del reportaje –ayer–, hay un gran ajetreo –sillas de ruedas arriba, sillas de ruedas abajo– en la sala comedor, donde los usuarios del centro y sus monitores ensayan una obra de teatro. “Aquí los niños son felices”, destaca Jesús.

Maria hace ejercicios mirándose en el espejo

Este tipo de parálisis suele producirse antes, durante o después del nacimiento del bebé, cuando una infección provoca severas e irreparables lesiones en su frágil cerebro, que pueden afectar tanto a su capacidad motora como del habla o cognitiva, entre otras.

En los últimos años se ha avanzado muchísimo en el tratamiento de la parálisis en los primeros años de vida del paciente, durante los cuales su cuerpo tiene la plasticidad –este es el término que se utiliza– suficiente para lograr que los efectos de las lesiones cerebrales sean lo menos severos posibles. El reto es proporcionar a los niños la máxima autonomía para que en el futuro puedan tener una vida normal dentro de sus limitaciones. Que puedan ir al baño por sí mismos. Que puedan salir de casa y vivir su vida.

En eso está Eva cuando este periódico visita Aspace. Sobre una colchoneta y una cuña blanda, la pequeña Sofía hace ejercicios con la ayuda de su fisioterapeuta. La presencia de desconocidos la hace sonreír, hasta el punto de contestar “no” cuando Eva le pregunta si quiere seguir trabajando. “Mírala qué lista”.

Varios niños representan una obra de teatro

Unos metros más allá, Maria se mira en un espejo para tomar conciencia de su cuerpo. “Cada paciente necesita una atención muy personalizada”, explica Mari Carmen, su fisioterapeuta, y, en este caso, Maria precisa ver su reflejo mientras hace ejercicios de relajación. A esta chica de 18 años y de Vilafranca le gusta el teatro y pasear con su madre. Mientras Mari Carmen así lo explica, ella asiente feliz con la cabeza.

En sus 35 años de historia, Aspace, que nació como una unión de varios padres que buscaban respuestas para sus hijos paralíticos, ha desarrollado servicios que dan cobertura a estos pacientes –hoy tiene un total de 108– en todas las etapas de su vida. Se empieza con la atención temprana, para seguir a continuación con una escuela concertada de tres a 18 años y, luego, con un centro de día donde los usuarios adquieren habilidades laborales. En caso de no tener familiares con los que vivir, Aspace también dispone de una residencia.

En la sala de informática, los chicos preparan invitaciones de boda, comunicados internos de la asociación y, de vez en cuando, se conectan a facebook. También escriben en un blog de nombre inmejorable: Ruedas para qué os quiero.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/17/baleares/1324118829.html

“Erradicar la pobreza es posible con determinación”

15 Dic
Entrevista a Anna Ferrer, presidenta de la Fundación Vicente Ferrer

Cuando estrecha la mano, la deja ahí un rato. Luego, al caminar, se agarra del brazo de la persona a la que acaba de conocer. Anna Ferrer (Essex, 1947), la inseparable compañera del ya desaparecido Vicente Ferrer –y actual presidenta de la fundación del mismo nombre–, derrocha candidez y empatía. Sólo tiene buenas palabras para el Govern –ayer visitó a su president, José Ramón Bauzá–, a quien le debe la financiación de numerosas infraestructuras en Anantapur (La India). Su historia es la de una joven periodista a quien un día le tocó entrevistar a Vicente Ferrer. Ahí empezó todo.

Anna Ferrer, en el patio del Consolat (Cati Cladera)

Pregunta.– ¿Cómo acaba una periodista inglesa en la India y capitaneando un proyecto así?

Respuesta.–El destino. Yo creo en el destino. Podría haber hecho cualquier trabajo e ido a cualquier país, pero la providencia siempre me puso en el camino de Vicente Ferrer. Estuvimos juntos desde el día en que fui a entrevistarlo. 42 años.

P.– Según su director general, Jordi Folgado, ustedes han demostrado que erradicar la pobreza profunda ha dejado de ser una utopía.

R.– Vicente siempre nos dijo –desde el principio– que era posible erradicar la pobreza. No teníamos nada en las manos, sólo determinación y motivación. Él nunca pensaba en los obstáculos. Decía que cuando hay dificultades hay solución. Y si no hay solución, está la providencia. Hay que ir siempre hacia adelante. La constancia ha sido fundamental en la Fundación, es el motivo de nuestros buenos resultados. No trabajamos con grandes expertos –son gente local en un 99% de los casos– y no tenemos modelo ni método más allá de la constancia en el trabajo. Cuando trabajas aprendes qué es lo que funciona. Y lo que no, lo cambias. Así, algún día, alcanzas tus objetivos.

P.– ¿Qué ha hecho Baleares por Anantapur?

R.– Ha financiado infraestructuras que –no lo digo por decir– son las mejores que tenemos. Pagó íntegramente un hospital que permite que las mujeres de una zona rural den a luz con seguridad. Se atienden 500 partos al mes. También financió un hospital para enfermos de VIH. En la India, estos pacientes están discriminados y no hay muchos médicos que quieran asistirlos. De 200 mujeres embarazadas con VIH, conseguimos que 194 dieran a luz niños sanos. Los bebés son inocentes.

P.– Con la crisis, muchas administraciones y particulares renuncian a la cooperación. ¿Les afecta esta situación?

R.– Hemos perdido a algunos socios, pero no a muchos. Nos apoyan porque creen en nuestro objetivo, que es conseguir un mundo mejor. Muchos nos visitan y nos dicen qeu si renuncian –por ejemplo– a tomar café durante una semana al mes pueden hacer su aportación.

Anna Ferrer, durante su visita al presidente del Govern, José Ramón Bauzá (Cati Cladera)

P.– ¿Cómo se presenta el futuro?

R.– Estamos ampliando nuestro proyecto a otras regiones de La India. Las instituciones locales así nos lo piden. Observamos dónde hay más pobreza y allí vamos. Desde hace un año, estamos en Srisailam, una zona boscosa donde desde hace siglos habitan los chenchos, unas tribus que no se han integrado en la sociedad actual y que viven según sus costumbres milenarias. Hay mucho trabajo que hacer: no tienen acceso a los centros de sanidad ni a la educación, necesitan apoyo para ganarse mejor la vida, la esperanza de vida es de 45 años y mueren de muchísimas enfermedades transmitidas por los mosquitos. Viven en el interior, sin caminos, en lugares donde no se puede acceder en geep. La India es un país de contrastes: por un lado está progresando y por el otro sigue cien años atrás.

P.– La Fundación trabaja con mujeres intocables. ¿Cómo se consigue su integración en la sociedad y que tengan autonomía del hombre?

R.– La India es todavía una sociedad patriarcal en la que existe mucha discriminación hacia las mujeres. Hay malos tratos y las dotes provocan multitud de problemas, ya que, incluso después de la boda, el marido y su familia siguen pidiendo dinero, lo que provoca que muchas mujeres se suiciden por desesperación. En nuestra zona han mejorado muchísimo. Antes no salían de casa y no estaban escolarizadas. No podían utilizar su propio dinero. Ahora tienen confianza, cuenta bancaria, pequeños negocios y conocimientos de cómo cuidar a la familia. Con la violencia de género, la Fundación aún tiene mucho trabajo que hacer.

P.– ¿Cómo lo han conseguido?

R.– Las mujeres tienen mucha capacidad. Cada una cuida, como mínimo, de diez miembros de la familia. Son buenas gerentes por naturaleza y no tienen dificultad para llevar un negocio. Lo hacen mejor y luego invierten lo que ganan en la familia. Por eso los gobiernos y las ONG prefieren poner en práctica sus proyectos económicos con mujeres. Los hombres tienen otras preocupaciones.

El tupido universo de Ca Don Pau

12 Dic
  • La ferretería La Central de Santa Catalina lleva 103 años abierta

  • Ofrece toda clase de artículos: desde petróleo a regadoras pasando por cestas y cable eléctrico

En Ca Don Pau «hay petróleo». Eso queda claro nada más entrar. Así lo anuncia un gran cartel, suspendido sobre el mostrador entre decenas de plumeros, cestas y desatascadores. Debajo, Biel y Neus atienden a una clientela variopinta, que va desde la señora del barrio al capitán de barco alemán, pasando por ciudadanos comunes en busca de objetos de cualquier clase, incluso aquellos que ya no se encuentran en ninguna otra ferretería de la ciudad.

¿Para qué debe ser el petróleo?, se pregunta uno. Contrariamente a lo que cabría pensar, no tiene ninguna finalidad naval. La ferretería La Central, popularmente conocida como Ca Don Pau, suele proveer de material a los barcos del Paseo Marítimo –y es lógico, teniendo en cuenta que se encuentra en Santa Catalina–, pero en este caso la utilidad del artículo es mucho más trivial. Tal y como explica Biel Serra, uno de sus propietarios, el petróleo sirve para prender antorchas de terraza y jardín. Nada más.

Biel y Neus, tras el mostrador (Alberto Vera)

Pero no siempre ha sido así. En sus 103 años de historia, Ca Don Pau, sin duda uno de los comercios históricos con más solera de la ciudad, ha vendido mucho petróleo. Y no siempre para antorchas de jardines. No hace tanto, era un artículo de primera necesidad, utilizado fundamentalmente como combustible para estufas. Mediante una bomba con manivela, los dependientes lo extraían de grandes bidones y lo vendían a granel, introduciéndolo en una botella de cristal que el cliente había traído previamente de su casa. El procedimiento era el mismo con el aguarrás, el salfumán o cualquier otro líquido que estuviera a la venta.

Nada que ver con las modernas botellas de plástico reciclable que hoy se acumulan sobre los estantes de la tienda, los mismos que en su día sostuvieron los bidones para vender a granel. Adentrarse en la rebotica de Ca Don Pau es una experiencia sólo apta para personas con gran sentido de la orientación. Un intrincado laberinto se abre paso entre pasillos y habitaciones repletas de objetos hasta el techo, apilados en cajas e identificados con rotulador. «¿No habrá matarratas, no?», pregunta un cliente, que se ha introducido en las entrañas de la tienda seguido de un pequeño y alegre perro negro. «No, hombre no», le tranquiliza Biel».

Recipiente con 'blavet', utilizado para blanquear la ropa

Aquí no hay inventario que valga más allá de la memoria. Y a veces no basta ni con eso. Los objetos se van acumulando y a veces se quedan olvidados en algún rincón, esperando a que alguien los descubra, hallazgos que a veces son felices y hablan de la historia de la ferretería.

Es lo que ocurrió cuando uno de los muebles de la tienda se desplomó, deteriorado por el paso de los años. Entre todo el material, aparecieron varias hojas de eucaliptus y adormidera, herencia directa de cuando el establecimiento era una farmacia. Antes de eso, el personal también había encontrado almendras amargas, cánulas y biberones de vidrio.

El primer propietario de La Central no fue otro que Don Pau, un hombre influyente que regentaba una farmacia en la calle Sant Magí y que un buen día decidió cambiar las recetas magistrales por los tornillos, el petróleo y las herramientas, abriendo una ferretería y droguería algunos números más abajo, en un local situado en los bajos de una casa modernista recién construida. Corría el año 1908 y desde entonces la tienda no se ha movido de sitio.

Lo que sí han cambiado son sus propietarios. Don Pau era soltero y le dejó el comercio a un sobrino suyo que también era soltero. Xisco –así se llamaba el heredero– le legó la ferretería a su sobrina Xisca, quien –adivina, adivinanza– tampoco estaba casada.

Entrada de la ferretería

La ristra interminable de herederos solteros la detuvo Biel Serra, padre de los propietarios actuales, que en 1934 entró como mozo y años más tarde acabaría adquiriendo el local y abriendo algunas tiendas más en los alrededores.

Hoy se hacen cargo del negocio los hermanos Biel y Toni, además de la mujer y la hija del primero y de dos dependientes, la simpática Neus –orgullosa vecina de Es Jonquet– y el inquieto Toniet –«le ves y no le ves», según le describe el jefe–. La crisis les golpea como a todos, pero se van sobreponiendo. «Luchamos para mantener lo que nos dieron, que no es poco», sentencia Biel.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/06/baleares/1323166893.html

Unos ojos para África

12 Dic
  • La fundación mallorquina Bona Llum lleva la atención ocular a la región etíope de Meki

  • Tambien trabaja en Guatemala

Ashe tiene claro que nunca podrá abandonar su país y, como quiere ver mundo, ha decidido estudiar geografía para viajar sin moverse de casa. En los últimos meses se ha construido una habitación de tela, en la que estudia cada noche con la ayuda de una vela. Toma clases en una escuela de Meki (Etiopía), el mismo lugar donde este verano aterrizó Xisca Arrom, con la misión de evaluar la vista a los alumnos. Ella era la optometrista voluntaria de la fundación mallorquina Bona Llum, que proporciona asistencia ocular a personas sin recursos tanto en Baleares como en países del Tercer Mundo. La apodaron Eye Doctor.

Ashe y Xisca hicieron buenas migas. Él, de 18 años, la ayudaba a anotar los nombres y a llevar un seguimiento de los niños que ella iba viendo. En sólo 12 días, Xisca batió todos los récords y, con el apoyo inestimable de Ashe, consiguió revisar la vista a casi 1.300 niños –1.296 para ser más exactos–. De ellos, dos tuvieron que ser derivados a un centro ocular por problemas serios en la vista y a otros 112 les prescribió unas gafas que les llegarán en breve.

Xisca gradúa la vista a un niño

La Fundación Bona Llum nació en 1998 y en el último año ha tomado un nuevo impulso, con acciones de cooperación internacional que se suman también a campañas en Baleares, donde colabora con Cáritas, Zaqueo y Can Gazà, entre otras entidades. Sea cual sea el lugar de actividad, el objetivo es siempre el mismo:ofrecer atención ocular gratuita a personas sin recursos que, de otra manera, no podrían acceder a ella.

Bajo esta premisa, la dirección de la fundación –integrada por Jaume Bauzá, Tolo Camps y Bernat Nadal, entre otros– decidió poner en marcha hace meses la campaña Una nova mirada, con el apoyo de Endesa y Apotecaris Solidaris, así como de otras entidades. La idea era desplazarse a lugares del Tercer Mundo donde otras organizaciones hubieran desarrollado ya una tarea previa –es decir, donde ya hubiera unos servicios básicos– y proporcionar atención ocular a la población. La primera acción se desarrolló la pasada primavera en El Quiché (Guatemala); la segunda, en Meki.

«En el mundo hay 150 millones de personas ciegas y en muchos casos se podría haber evitado». Jaume Bauzá, presidente de la fundación, pone los datos sobre la mesa durante un encuentro con este periódico. En El Quiché, sin ir más lejos, hay un solo oculista para una población de 500.000 personas, lo que provoca una gran desatención. «Muchos niños tienen infecciones y se quedan ciegos, por eso es tan importante hacerles una revisión», añade.

Xisca Arrom, por su parte, pudo tocar esta realidad con sus propias manos en Meki. A los pocos días de llegar, una madre le llevó a su hijo, que en un mes de vida jamás había abierto los ojos. Tras la primera impresión, la optometrista optó por ponerle unas gotas que contenían una dosis mínima de antibiótico. Funcionó. Al igual que también lo hizo con Abraham, un niño muy pobre que estudiaba en la escuela de Meki gracias a una beca y que tenía una conjuntivitis de campeonato.

Una señora de Meki en el momento de las pruebas oculares

Lo que hace Bona Llum es desplazarse a estos lugares y sentar una primera base de atención ocular. Luego, va haciendo un seguimiento a través de internet, con la ayuda de personas del lugar a las que previamente ha formado en cuestiones muy básicas. En una segunda oleada, envía a un oftalmólogo para que haga operaciones en caso de que sea necesario. Y eso es lo que va a hacer en breve en El Quiché, donde Bona Llum colabora con la ONG Voluntaris de Mallorca –en Etiopía, lo hace con Living Meki, que lleva cinco años trabajando en el lugar–.

Paralelamente, la fundación lleva a cabo en la actualidad una campaña de recogida de gafas viejas, que luego selecciona y clasifica para enviarlas a los países donde trabaja. Las cajas pueden encontrarse en las oficinas de atención al cliente de Endesa y las farmacias de Apotecaris Solidaris.

Para llevar a cabo con éxito su actividad, Bona Llum necesita de la colaboración de voluntarios –que nunca son suficientes–. Xisca Arrom lo es, como también lo son todos los que han viajado con la fundación. «Este es el trabajo para el que realmente estudié», asegura Xisca a la hora de valorar su experiencia en Meki, para la que sólo tiene buenas palabras.

Y anécdotas. Durante sus doce días en Etiopía tuvo que tomar cantidades industriales de café –las familias la invitaban y rechazarlo hubiera sido de mala educación– y lidiar con los niños que deseaban por encima de cualquier otra cosa llevar gafas y que, realmente, no las necesitaban. «Se inventaban las respuestas para que se las pusiera», cuenta divertida.

Un paciente hace las pruebas de visión

De su estancia en Etiopía a Xisca le queda aún una experiencia más. Trabajando codo a codo conAshe, se dio cuenta de que estaba muy delgado. Poco después, se enteró de que el joven no podía pagarse los dos años de escuela que le quedaban antes de poder ingresar en la universidad y que había decidido pasar hambre para poder sufragarse los estudios. Al final de su periplo en Etiopía, Xisca apadrinó a Ashe, decidido a convertirse en un gran geógrafo. No en vano, Ashe significa ganador.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/04/baleares/1322993918.html