La guerra del oro

25 Ene
  • Las tiendas de empeños colocan ‘cazaclientes’ en la competencia para arrebatarles las ventas

  • Ya hay al menos 80 sólo en la capital

«¿Cómo puedo abrir una tienda de compraventa de oro?». Está en los foros de Internet. Está en la calle. El oro es la gran bicoca en tiempos de crisis y los comerciantes oportunistas –muchos de ellos sin apenas conocimientos de joyería– se lanzan desesperados hacia él. De un tiempo a esta parte, los locales donde se pueden empeñar piezas del preciado metal han proliferado como setas por la capital balear –al menos ochenta en tan sólo dos años–, a la caza de unos clientes que, en la mayoría de los casos, acaban malvendiendo sus joyas a un precio mucho más bajo de lo que marca el mercado. El motivo, obviamente, la necesidad. Y la causa final, la crisis.

Tienda de 'compro oro' en el casco antiguo (Fotos: Pep Vicens)

«Usureros». Muy enfadado tenía que estar quien decidió escribir esta palabra con espray plateado en el cartel de una joyería de la calle de Sant Francesc, especializada en compraventa de oro. Su propietario, un francés llamado Daniel, insiste en que él es «honrado» y que, al contrario que sus competidores, no truca las balanzas –a la hora de pesar las piezas– ni promete precios desorbitados que luego no puede cumplir. «Antes de cada venta consulto la bolsa», asegura, con su móvil en la mano, al tiempo que mira cómo están las cotizaciones.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. Los comerciantes del oro se acusan los unos a los otros de estafadores, al tiempo que se lanzan a la Policía cada vez que se encuentran a comisionistas robándoles clientes en la puerta. Porque eso es lo que está ocurriendo, sobre todo en las inmediaciones de Sant Francesc: varias personas se plantan cerca de una casa de empeños y al cliente que va a entrar le ofrecen el oro y el moro –nunca mejor dicho– por cambiarse al local de al lado. Luego, se quedan con la diferencia y el comerciante acaba cobrando el mismo precio. Un importe, por otra parte, muy alejado del que aparece en la bolsa.

¿Y por qué Sant Francesc? Básicamente, porque allí es donde está el Monte de Piedad de Sa Nostra, el lugar donde se pueden pedir préstamos dejando las joyas en depósito y en cuya puerta también se colocan los comisionistas. Este suele ser el trato más ventajoso para los clientes, que, sin embargo, acaban muchas veces por caer en las redes de las tiendas de compraventa, tan necesitados como están de dinero rápido.

Con todo, a la Policía Nacional se le está generando un volumen de trabajo –es decir, de denuncias– ingente en los últimos meses. Y no es un campo fácil, ya que es complicado demostrar a quién pertenecen los comisionistas. La tienda de Daniel, Partouche, acumula ya varias multas por colocar a captadores de clientes en las puertas de otros comercios. «No es verdad que vayan de nuestra parte», insiste este joyero, quien afirma ser gemólogo y tener 20 años de experiencia en el campo.

Instrumentos para comprobar la autenticidad del oro

No se necesita tanta formación para abrir una tienda de compraventa de oro –muchas de ellas son, de hecho, franquicias de este negocio como podrían serlo de cualquier otra cosa–. Sólo una puerta blindada, una caja fuerte y ciertos conocimientos e instrumentos para comprobar la autenticidad del oro. Son estas herramientas las que, el día del reportaje –ayer–, sirven a Daniel para desechar la vistosa cruz que una mujer le acaba de traer para empeñar: «Es chapada en oro, no se la puedo comprar».

Lo que hace es, en primer lugar, rascar la superficie de la joya sobre una piedra rectangular en la que el metal queda marcado. Luego, saca un pequeño bote con un pincel adherido al tapón y unta el líquido sobre la marca. Si desaparece no es oro; si permanece, sí. Finalmente, se pesa y se fija un precio. Dependiendo de la tienda, el resultado de la balanza –en teoría homologado– puede variar bastante.

La otra cara del negocio –más allá del cliente o de la tienda intermediaria– es el inversor. Ante la escasa estabilidad de las propiedades inmobiliarias o de las acciones, las personas que buscan colocar cantidades grandes de dinero se inclinan últimamente por el oro, cuyo precio oscila muy poco. Según kitko.com, la página web que muestra los precios en tiempo real, un kilo de oro de 24 quilates está a 41.257,38 euros, lo que coloca el gramo en 41,2 euros. Y las casas de empeño suelen ofrecer cantidades que, cuando son reales, rondan los 25 euros.

Como dice un experimentado comerciante turco del casco antiguo, «el oro es sucio». Proverbio para tiempos canallas.

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