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Inmigrantes: de rescatadores a rescatados

23 Nov
  • Los locutorios registran una caída de los envíos monetarios al extranjero

  • Hay un gran aumento de llegadas de dinero procedentes de las familias de origen

  • Unas 9.000 personas se marcharon de Baleares rumbo a otros países

El dinero viene tip tip tip. Sunny no encuentra la palabra adecuada y recurre a la onomatopeya. Da igual, se le entiende perfectamente: con la crisis, nadie gasta ni un céntimo y el dinero llega con cuentagotas. En los nueve años que lleva regentando el locutorio Cyberama de la calle Eusebi Estada, no había visto nada igual. Hasta la nevera está llena a rebosar de refrescos. Ni bebidas compra la gente.

Sunny atiende a la clientela (Jordi Avellà)

 La situación ha llegado a tal extremo que los inmigrantes que residen en las Islas, responsables hasta hace muy poco del envío de dinero a sus familias de origen, ahora son quienes necesitan que alguien les mande algunos billetes. Así de claro. A medida que los envíos de dinero se han ido reduciendo a causa de la crisis y el paro, han aumentado de manera muy importante los ingresos de cantidades económicas, procedentes sobre todo de Latinoamérica. «La gente no manda, cobra», resume Sunny, que llegó a Mallorca desde su Nigeria natal hace 13 años. La bajada en los envíos de dinero supera el 50%, según han coincidido en asegurar los locutorios consultados por este periódico. A Mohamed, por ejemplo, un marroquí que regenta un establecimiento en Inca, mandar dinero a otras partes del mundo le reportaba mensualmente unas ganancias de 200 euros, cantidad procedente de las comisiones. Ahora, sin embargo, esta cifra sólo alcanza los 70 u 80 euros al mes.

«Antes, los cobros de dinero ni siquiera existían», explica Mohamed.Ahora, sin embargo, son la norma. La tendencia empezó en 2008, abunda, al tiempo que especifica que con la crisis a lo único que puede aspirar es a «cubrir gastos». Y a esperar que pase la tormenta.

El aumento de los cobros no es más que un nuevo síntoma de que las tornas están cambiando. Cada vez son más los inmigrantes que regresan a sus países de origen, porque allí la crisis no es tan virulenta. Argentina, sin ir más lejos, es ahora mismo un país emergente. Y también Brasil.

Las cifras hablan por sí solas. Según las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE), 580.850 inmigrantes habrán abandonado España en 2011, mientras que 450.000 entrarán en las fronteras del país, con lo que el saldo será negativo por primera vez en décadas (130.850 menos).

La tendencia seguirá

Está previsto que la tendencia se mantenga durante toda la próxima década, aunque a un ritmo más bajo (la bajada en 2020 sería de algo 62.618 personas).

Por lo que se refiere a Baleares, el saldo entre emigrantes e inmigrantes sigue siendo positivo, aunque por poco. Después de años y años con aumentos en el número de extranjeros que se contaban por decenas de millares, en 2011 se ha producido un incremento muy tímido: 316 personas. Tan sólo un año antes, este aumento era de 4.694. Y previamente a eso –entre 2008 y 2009–, de 14.526. La tendencia está clara.

El Institut Balear de Estadística (Ibestat) aporta por su parte estudios más detallados, aunque también menos actualizados. De los 62.251 emigrantes que se registraron en Baleares en 2009, apunta el Ibestat, 25.254 fueron extranjeros.

Es decir, algo más de 25.000 personas de nacionalidades distintas a la española cambiaron de residencia en el archipiélago hace dos años. De entre todos los emigrantes, tan sólo 8.785 se fueron a un país extranjero. Paralelamente a los 62.251 emigrantes, se registraron 70.953 inmigrantes.

Sunny no tiene ninguna intención de abandonar Baleares, un lugar en el que han nacido sus dos hijos. Eso sí, para sobrevivir en tiempos de crisis, se ve obligado a trabajar siete días a la semana durante las horas que haga falta.

No cierra nunca. Y a los cuatro empleados que llegó a tener en tiempos de bonanza, los ha tenido que despedir para hacer frente a la crisis.

Todo esto lo cuenta apoyado en el mostrador de su locutorio, lleno a rebosar de chocolatinas, chupachups, piruletas, patatas fritas y chicles, por mencionar tan sólo algunos artículos. El mueble es cortesía de Western Union, la empresa especializada en envíos de dinero que tiene franquicias por todo el mundo. Y como se trata de renovarse o morir, el mostrador ya se hace eco de las nuevas tendencias: «¿Puedo recibir dinero en minutos?», reza en grandes letras. En el exterior, por el contrario, persisten las referencias a envíos a otros países, tanto latinoamericanos, como africanos o europeos.

¿De quién es la culpa de la crisis? Sunny lo tiene claro. Él no tiene la culpa, ni tampoco ninguno de los clientes que el día del reportaje circulan por el locutorio. Los políticos, tampoco. Los culpables son «los bancos». «Tanto préstamo, tanta hipoteca…», se lamenta.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/17/baleares/1318837415.html

“Este es mi castigo por no haber vendido”

5 Sep
  • Destrozan el local del último propietario del edificio derruido de la plaza de Cort

El edificio derruido de la Plaza de Cort es una fachada apuntalada y también algo más. En una esquina, existe un local comercial que un día fue lujoso y que en la actualidad es lo último que queda en pie en medio del descampado. Su propietario se negó a venderlo a Resnostrum, la empresa que quería construir suntuosas viviendas en este exclusivo lugar de la capital balear. Hoy, tras los trabajos de derribo del resto del edificio y el desgaste constante de la lluvia que se filtra por todas partes, el establecimiento está hecho una ruina: el techo se cae, hay humedades y el suelo está lleno de cascotes. En el exterior, un cartel reza irónicamente The best properties under the sun, en referencia a la inmobiliaria que un día lo ocupó. Obviamente, sus propietarios –los hermanos Juan Casademunt– no pueden sacar ninguna rentabilidad de él.

«Me dijeron que pusiera yo la cifra; me habrían dado tanto como yo hubiese querido», asegura Miguel Juan Casademunt, que es quien se encarga de las gestiones, en referencia a las ofertas que recibió de la empresa inmobiliaria. Resnostrum, sociedad participada en su momento a partes iguales por Restaura y Sa Nostra, se constituyó en plena burbuja inmobiliaria –en septiembre de 2004–. Uno de sus proyectos más ambiciosos era, precisamente, la construcción de pisos de lujo –con parking y piscina en la azotea– en este edificio de la Plaza de Cort. Sin embargo, inesperadamente le apareció una piedra en el zapato.

De los 40 propietarios que tenía el edificio –los herederos de una familia numerosa–, sólo estos dos hermanos se negaron a vender. ¿Por qué? Según afirma Miguel, por motivos sentimentales. No querían perder el local y mucho menos que se derruyera el edificio entero, en el que había vivido su abuela. Hoy, siete años más tarde y en plena crisis inmobiliaria –una depresión que ha dejado las obras paradas de manera indefinida desde diciembre de 2008–, todo lo que han sacado de aquella negativa es un local ruinoso e inservible. «Este es mi castigo por no haber vendido», asegura Miguel.

El propietario del local sufre un «calvario» que cada vez va a peor. En estos momentos, ni siquiera puede acceder a la finca, ya que Resnostrum dice que la valla es del Ayuntamiento y el Ayuntamiento alega lo contrario. «Yo estaría dispuesto a adelantar de mi bolsillo los 40.000 euros que costaría impermeabilizar el local y arreglar los desperfectos, pero no puedo acceder», explica. Además, Emaya le pasa cada dos meses una factura de 200 euros porque no puede leer el contador. «Esto es mobbing inmobiliario», afirma.

Sin embargo, a pesar de los contratiempos, no se arrepiente de haberse negado a vender. Todo lo contrario: está dispuesto a plantar batalla a Resnostrum, una sociedad que en estos momentos –tras el crack inmobiliario– tiene un accionista único:Sa Nostra. Por el momento, ya ha interpuesto una demanda contra la autorización del Ayuntamiento de derribar los edificios, así como una denuncia por «coacciones y daños a la propiedad» contra Resnostrum: «Si esperan que me canse, lo llevan claro; voy a morir matando».

¿Por qué era tan importante el local para la constructora? Básicamente porque por él debía pasar la rampa para bajar a los aparcamientos. Y sin parking –en una zona con problemas de estacionamiento–, los pisos perdían valor.

Ante esta situación, Resnostrum y los dos hermanos llegaron a un preacuerdo para hacer una permuta: los bajos del local a cambio de mantener el mismo establecimiento en la planta baja y un altillo. Sin embargo, el estallido de la burbuja inmobiliaria y la paralización de las obras dejaron este pacto de caballeros en nada. Hoy, visto lo visto, Miguel ya no pondría facilidades para la permuta.

Pero la negativa a vender de los hermanos Juan no fue el único problema con el que se topó Resnostrum. Ya se sabe que excavar un parking en un centro histórico es un riesgo y, en este caso, los peores presagios se cumplieron: se hallaron nada más y nada menos que unos aljibes que podrían datar del siglo XVI y que, previsiblemente, se utilizaban para limpiar el pescado que se vendía en esta zona de Palma –la calle Peixeteria es una de las que lindan con el edificio–. El hallazgo paralizó las obras y el Consell obligó a la constructora a conservar los aljibes, si bien le permitió moverlos dentro del mismo solar.

Estos contratiempos, sumados a la crisis inmobiliaria, fueron demasiado para Resnostrum, que tiene paralizado el proyecto. Hoy, la plaza de Cort parece más un decorado de una película de la Segunda Guerra Mundial que el escenario privilegiado de una ciudad turística.

Pon la mesa, que vienen 200

27 Ago
  • Zaqueo alimenta cada día a personas sin recursos

  • Se han duplicado en un año y medio y cada vez hay más gente ‘corriente’

Cada persona es un palito. Y los palitos están en un papel. Desde hace un año y medio, Paco apunta cada día 200 palitos, el doble de lo que antes era habitual.

El comedor social de la Plaza Mercadal, situado en el corazón del barrio palmesano de Sa Gerreria, cada vez tiene más usuarios. El colectivo marginal ha dejado de ser, poco a poco, el único beneficiario del centro para dar paso también a familias corrientes, golpeadas por la crisis y el paro.

Quien haya circulado en coche o a pie desde Cort hacia las Avenidas a las cinco de la tarde lo habrá visto. Cada día se forma una larga cola en las puertas del comedor, gestionado por la entidad Zaqueo y por Paco Sans, histórico activista en la ayuda a los más necesitados. Hay, por supuesto, personas sin techo y toxicómanos. Pero cada vez se ven más camisas bien planchadas.

¿Quieres carne o pescado? Es la única pregunta que les hace Paco Sans a los que guardan turno. No apunta sus datos, ni tiene en cuenta su clase social, su situación familiar o sus adicciones –en caso de que las tengan–. Lo único que cuenta es no tener qué llevarse a la boca.

Bueno, eso y también mantener un mínimo decoro en la vestimenta. «De romano no entras», le dice cariñosamente a Emilio, un joven que aguarda en la puerta sin camiseta y mostrando varios piercings en el pecho. «Me lo llevo a casa», responde él, tras darle recuerdos para la familia. Entonces, Paco se introduce en la puerta y le entrega una bolsa de plástico anudada, en la que se intuye una lata fría de un refresco edulcorado. Dentro va una ración de pescado y arroz. «Venga, cuídate», le dice mientras le acaricia cariñosamente el cogote.

Zaqueo da comida –desayuno y cena– a personas necesitadas de Palma desde hace 14 años. Y lo hace cada día sin excepción: los 365 del año. Para esta entidad no hay Navidades, ni Semana Santa ni verano en los que descansar, habiéndose convertido de esta manera en todo un referente en la red asistencial de la capital.

Sin embargo, no por ello recibe cuantiosas ayudas de las instituciones públicas baleares. La entidad funciona, básicamente, gracias a las aportaciones de voluntarios que, de manera desinteresada, proporcionan comida y ayudan a distribuirla. Y también gracias a las aportaciones de comida del Banco de Alimentos y la Unión Europea, así como de empresas y restaurantes. Los Servicios Sociales del Consell prestan únicamente una cantidad económica y un monitor para que la entidad pueda alojar cada noche a una quincena de personas en este mismo local, dándoles así un lugar alternativo a la calle donde dormir.

Joan se acerca a la puerta del comedor a las seis menos cuarto de la tarde, con una camisa a rayas blancas y azules perfectamente limpia y planchada. Nadie diría que necesita acudir a un lugar así, pero la realidad es que sí que lo precisa. A sus 60 años no trabaja y la ayuda que le da el Estado, de 385 euros, no le es suficiente para vivir. Como él, son muchos los que se acercan y que no se ajustan al prototipo de persona que, inicialmente, uno pensaría que precisa de estos servicios.

A su lado, Luis, con su joven rostro marcado por la droga, se fuma un purito: «Aquí por lo menos comemos algo, si no tendríamos que robar».

Bazares al por mayor

24 Ago
  • El comercio chino mayorista ya tiene diez naves industriales en Son Castelló y también se ha establecido en Son Fuster e Inca
  • Pimeco denuncia que algunos venden a particulares de manera ilegal

Las cajas de cartón llegan hasta el techo de uralita y los estrechos pasillos no tienen fin. Si hay un sitio en Palma donde se puede encontrar desde un enchufe hasta un hula-hop, pasando por un perro de porcelana, un paraguas o un biombo estampado de vaca, este es sin duda cualquiera de los múltiples grandes bazares que se han instalado en los polígonos industriales de la capital balear. Son naves de venta al por mayor y no paran de crecer en número. Además, también venden al detalle, lo que ha disparado las alarmas en el comercio convencional.

Sólo en Son Castelló, ya hay una decena de estos macrobazares, que también tienen presencia en Son Fuster, Son Valentí, Son Güells y el polígono de Inca. Los primeros se establecieron hace unos cinco años, pero en los últimos meses han incrementado su implantación a causa de la crisis. Ante las dificultades económicas, los dueños de estos negocios no han dudado en reinventarse y en convertir sus naves industriales en tiendas donde un particular puede obtener cualquier tipo de objeto a un precio muy ventajoso.

Hasta ahí, todo perfecto. Pero, ¿es legal? Pimeco, la patronal del pequeño comercio, denunció hace varios meses a siete comercios de este tipo por ofrecer venta al detalle –es decir a particulares– sobrepasando las dimensiones máximas permitidas. Según explicó ayer a este periódico Bernat Coll, presidente de la entidad, un establecimiento de más de 700 metros cuadrados no puede ofrecer productos a personas individuales, algo que según su punto de vista se está incumpliendo. Además, la patronal del pequeño comercio también reclama una inspección de trabajo en estas naves industriales, al entender que algunos empleados podrían no estar afiliados a la Seguridad Social. Los establecimientos denunciados siguen abiertos y se encuentran en Son Fuster, Playa de Palma, Ciudad Jardín e Inca.

Por el momento, Pimeco no ha localizado irregularidades en el Polígono de Son Castelló, el lugar que concentra el mayor número de estos comercios. En la calle 16 de julio, se encuentra el más antiguo de ellos:Gran Luxor. Por su parte, en Gran Vía Asima número cinco se asienta Idea Fantástica S.L., una nave industrial en la que puede encontrarse absolutamente de todo. «Vendemos al detalle, pero es totalmente legal», garantiza una empleada, que también aclara que hay un precio para mayorista y otro para particulares. Efectivamente, por sus interminables pasillos se pasean ciudadanos normales y corrientes a la búsqueda de productos a buen precio. Al mismo tiempo, otras personas recorren el lugar con carros llenos hasta arriba. «Mínimo, 10 euros», reza un cartel nada más entrar.

«Cada uno enfoca su negocio como quiere y si es legal, bien hecho está». Quien habla ahora es Toni Yoh, presidente de los empresarios chinos, que atendió ayer a este periódico en uno de sus negocios, el conocido restaurante Gran Dragón. Según su percepción, el comerciante chino «cada vez está más concienciado» de que debe cumplir la ley y lo hace «lo mejor posible». Si se ofrecen buenos precios, insiste, no es porque se vulneren las normas, sino gracias al espíritu de sacrificio –afirma que los chinos son «trabajadores y ahorradores»– y a la pericia a la hora de elegir las rutas comerciales más ventajosas.

Porque, ¿de dónde viene la mercancía? Basta pasearse por una de estas naves para comprobarlo. Made in China, dice en las cajas de cartón. Aunque lo cierto es que, después de abandonar el continente asiático, todas ellas van a parar a Madrid, lugar desde el cual vuelven a ser vendidas, esta vez ya sí con destino a Palma. Todas las naves de la capital balear tienen «los mismos proveedores», aseguran sus responsables. «El contacto con los importadores hace que podamos ofrecer un precio mejor que nadie», sostiene Yoh. ¿Y la calidad? El presidente de la patronal china dice que es «buena»; Bernat Coll, de Pimeco, que es «dudosa».

En lo que sí coinciden ambos, sin embargo, es en destacar la falsedad de las «leyendas urbanas» que señalan que los comercios chinos están exentos de pagar impuestos. Toni Yoh va incluso más lejos y amenaza con llevar ante la Justicia a cualquiera que vuelva a cuestionar la honorabilidad de estos comerciantes: «Se nos acusa constantemente con el dedo como si fuéramos delincuentes y ya estamos cansados».

Controlando un gran número de naves industriales, la comunidad china se hace con un escalón más de la producción y ensancha su campo de miras. Hoy, sus clientes mayoristas no sólo son chinos que regentan bazares, sino mallorquines con tiendas de souvenirs y africanos que venden en mercadillos.