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“Cuando vas despacio piensas más”

3 Mar
  • Domiciano Brezmes fabrica bicicletas a partir de piezas antiguas que compra en los rastros e internet

  • Augura que con la subida de la gasolina las dos ruedas irán «a más»

Ha llegado a fabricar una bicicleta porque un pedal le inspiraba. Domiciano Brezmes trabaja en el mundo de la publicidad, pero en su tiempo libre tiene otra pasión.Desde hace cuatro años, confecciona bicicletas. Y no bicicletas vulgares y corrientes. Lo suyo son ciclos de diseño, ligeros como una pluma y con un valor añadido muy particular: son obras de arte elaboradas a partir de piezas de bicicletas de segunda mano, habitualmente antiguas.

El arte está en el objeto en sí y también en el proceso. El procedimiento no empieza hasta que surge una idea, ya sea a partir de una pieza o de una sensación. Luego, el embrión va evolucionando –estudio de color, elección de los componentes, selección de los complementos…– hasta fructificar en una bicicleta totalmente única. La fase final es la venta –a través de internet o exponiéndolas en algunas tiendas, bajo la marca Domibrez–, aunque el negocio no es el motor de Domiciano. Para él, hacer ciclos es una manera de aunar pintura y escultura.

Dociciano Brezmes, en su taller de bicicletas (Fotos: Jordi Avellà)

Lo suyo es toda una filosofía que nace de su propia experiencia como ciclista. Cada día, llueva o truene, va hasta el trabajo en su caballo de dos ruedas. «Cuando vas despacio piensas más», asegura este leonés afincado en Mallorca desde hace años.

Todo empezó el día en que, harto del coche –y de los gastos que le comportaba–, decidió probar qué tal le iba ir hasta la oficina con bicicleta. Partió desde su casa en Son Sardina y cuál fue su sorpresa cuando descubrió que en sólo veinte minutos estaba ya en el centro de Palma.

También se le revelaron otras cosas, como la relajación que comporta moverse en bicicleta. Y cuando llega el buen tiempo, cada mañana hace una parada previa en el Portitxol, para bañarse en el mar. «Todo esto me lo da la bicicleta», destaca.Con la gran subida del precio de la gasolina, augura, el fenómeno de la bici cada vez irá «a más». «Es un fenómeno aún por descubrir».

Diez de la mañana. Domiciano abre las puertas de su taller, situado en su casa de Son Sardina, y muestra a este periódico las nuevas obras en que está trabajando. Por el momento ya tiene elegidos los cuerpos y el color que van a tener. El primero es negro; el segundo tiene un cromatismo más impreciso, que ha surgido después de rascar la pintura original, dando lugar a un conjunto de tonalidades rojas y cobrizas.

Su meta no es que las bicicletas parezcan nuevas. Más bien al contrario, las marcas del uso son un valor añadido para él, lo que no significa que sus creaciones adquieran un aspecto descuidado –todo lo contrario, tienen un diseño exquisito y todos los detalles están muy pensados–.

¿Cómo empieza todo el proceso? Domiciano recorre los rastros, mercados de segunda mano e internet a la búsqueda de piezas interesantes –por ejemplo, ha llegado a comprar una bicicleta entera porque le interesaba el manillar–. Le atraen sobre todo los componentes italianos de los 70 y los 80, de los que habla maravillas. Luego, lo fotografía todo y lo guarda en un almacén, en el que a día de hoy tiene material suficiente como para fabricar 50 bicicletas. Hasta que surge la inspiración.

Pedales y martillo en la mesa de trabajo

A veces son por encargo y otras simplemente por el placer artístico. Para Domiciano, fabricar bicicletas es una afición que le ocupa innumerables horas cada semana y que le supone toda una válvula de escape.

Siempre ha sido un manitas, pero no se inició en la confección de bicicletas hasta hace cuatro años. Fue algo bastante fortuito. Cuando ya estaba acostumbrado a desplazarse con normalidad en dos ruedas, un buen día le robaron su corcel de 900 euros. Era viernes y no podía concebir llegar al lunes sin recuperarlo o comprarse otro. Así que se fue al rastro para ver si encontraba su propia bicicleta. No la halló, pero sí descubrió la gran cantidad de ofertas que había. Ese fin de semana ya se fabricó una.Escarbando aún más en los orígenes, Domiciano cuenta que su padre nunca le compró una bicicleta. No es que fuera una frustración para él, pero soñaba con ellas y se dedicaba a arreglar las de sus amigos, que a cambio le dejaban dar una vuelta. Lo primero que hizo con su primer dinero fue comprarse una.

En sólo cuatro años, hacer bicicletas es una parte muy importante de su vida. Ha llegado a estar hasta un año dándole vueltas a un proyecto, hasta que ha fructificado. Muchas veces, se inspira en quien la va a usar: «Es muy bonito hacer una bicicleta pensando en alguien».

Sin noticias de la cantera de Génova

13 Sep
  • Matthias Kuhn la compró hace nueve años pero aún no tiene ningún proyecto para ella

  • Los vecinos reclaman que se le dé un uso público: aparcamientos o un centro deportivo

Corre el año 1945. Un centenar de obreros se deja la piel arrancando la piedra a la montaña. Trabajan a destajo: la jornada laboral empieza a las seis de la mañana y no acaba hasta las ocho de la tarde. Cada día extraen 2.000 toneladas de piedra, que se transportan en tren hasta la ensenada de Porto Pi. La locomotora y los vagones descienden por la montaña y cruzan la carretera de Andratx mediante un alto puente de tres arcadas.

La cantera en 1955

La cantera de Génova, hermana pequeña de la de Establiments, proporcionó durante más de una década el material necesario para construir el Dique del Oeste. Hoy, es un solar abandonado con un importante impacto paisajístico –los trabajos de rehabilitación de finales de los 90 sólo cubrieron la mitad de la montaña amputada– y no hay ninguna certeza sobre su futuro. Hace casi diez años, se habló de construir en ella un aparcamiento para residentes, un equipamiento deportivo e, incluso, una pista de esquí. Nada se ha materializado. Y los vecinos de Génova tienen en su barriada unos terrenos inservibles que, eso sí, al menos son aprovechados por los escaladores y los ciclistas de montaña para hacer deporte.

«Es un solar enorme situado en la entrada de Génova y que tiene muchas posibilidades», explica Gaspar Pujol, presidente de la Asociación de Vecinos de Génova. «Nosotros reivindicamos que se construya en él un aparcamiento, aunque por su tipología urbanística también podría albergar instalaciones deportivas o de ocio», abunda. Y añade: «Es una pena tenerlo allí sin hacer nada».

¿De quién son los terrenos? En la actualidad, pertenecen al empresario alemán Matthias Kuhn, propietario de la inmobiliaria Kuhn and Partner, quien los consiguió tras hacer la puja más alta en una subasta. Se los compró a la Autoridad Portuaria de Baleares, que era su propietaria desde los años 40, momento en que decidió expropiarlos, precisamente, para garantizar los trabajos de extracción de piedra que debían proporcionar el material para construir el Dique del Oeste –una obra entendida de interés general–. En el año 2002 –y después de que la cantera llevara décadas abandonada–, decidió venderlos al mejor postor. Los vecinos vieron, en aquel momento, una oportunidad para dar una utilidad pública al solar, y le pidieron al Ayuntamiento que lo comprara. Sin embargo, la administración municipal tan sólo ofreció 1.000 euros por encima del precio de salida, con lo que su oferta fue rápidamente descartada.

La cantera en 1998, durante la rehabilitación

Fue también en esta subasta cuando un promotor presentó un curioso proyecto para construir una pista de esquí de nieve artificial. No hace falta decir que la iniciativa nunca vio la luz.

En cuanto al proyecto de Matthias Kuhn para la antigua cantera, tampoco está claro a día de hoy. Este diario se puso en contacto con los servicios jurídicos de Kuhn and Partner, quienes no pudieron especificar qué utilidad tienen pensado darle al solar. El problema principal reside en el hecho de que el Plan General de Ordenación Urbana de Palma (PGOU) no especifica los usos de estos terrenos. «Hemos mantenido alguna reunión con técnicos del Ayuntamiento para ver qué se podía hacer, quizás podríamos darle una utilidad pública mediante un uso deportivo de alto rendimiento», fue todo lo que pudieron aclarar.

Más allá de su futuro, la cantera de Génova también habla del pasado y de la historia de Palma, de los años posteriores a la Guerra Civil y de cómo la ciudad le fue ganando terreno al mar en su imparable crecimiento y en su particular visión del progreso de la época –que alejó de las casas un mar que entonces no se valoraba como ahora–.

El tren que trasladaba la piedra desde la cantera hasta Porto Pi cruza la carretera de Andratx por un puente (1955)

La construcción del Dique del Oeste se inició en 1942 y duró hasta 1961 –en principio, los trabajos debían terminar en 1956 pero un gran temporal de levante rompió el dique y retrasó su inauguración hasta 1961–. Paralelamente, se trazó una pequeña carretera que debía unir el nuevo dique con el centro de Palma, a la que se bautizó como Carretera de S’Enllaç y que fue el germen de lo que hoy se conoce como Paseo Marítimo. Su construcción data de 1950 y se llevó a cabo ganando terreno al mar, aunque en aquel momento no era tan grande como ahora: sólo ocupaba la mitad del paseo actual –de hecho, el puente del Hotel Mediterráneo cruzaba toda la carretera y llegaba a una piscina situada junto al mar–. Luego, en 1972, llegaría la ampliación definitiva.