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El hotel fantasma del edificio Firestone

15 Feb
  • El proyecto de un establecimiento de cuatro estrellas está parado por la crisis

Para bien o para mal, es una de las estampas de la ciudad. Sus cristales pintados de blanco –repletos de carteles encolados– y sus oxidadas persianas –bajadas desde hace demasiado tiempo– forman ya parte del paisaje urbano. El edificio Firestone lleva abandonado tantos años que para muchos –los más jóvenes– ya nació vacío. Sin embargo, hay proyectos para que deje de estarlo. Si la crisis lo permite, claro.

El edificio Firestone, en la calle Ramón y Cajal (Fotos: Cati Cladera)

La noticia apareció en los periódicos en 2004: el edificio Firestone, abandonado desde principios de los años noventa, iba a convertirse en un hotel urbano de cuatro estrellas –de cuatro estrellas superior, para ser más exactos–. Sin embargo, el tiempo fue pasando y aquel proyecto no llegó a materializarse. Hoy, ocho años más tarde, los ciudadanos se preguntan qué fue de aquella iniciativa.

Este periódico se puso en contacto con el propietario del inmueble, el hotelero Antoni Horrach, quien afirmó que el proyecto está paralizado. En un primer momento, condicionó la construcción del nuevo establecimiento –aprovechando el edificio existente, que sólo es de planta baja– a la consolidación de su cadena (HM Hotels). Luego, fue la crisis económica la que impidió el desarrollo de la iniciativa. Y este es el estado actual de las cosas.

Horrach, cuyo activo más importante es el HM Jaime III, situado en el Passeig Mallorca, no renuncia a levantar el hotel, pero en cualquier caso no llevará a cabo la iniciativa «a corto plazo». «Lo haremos, seguro, pero no ahora», aseguró en declaraciones a este diario.

El edificio Firestone, situado en una zona privilegiada de la ciudad –está en la calle Ramón y Cajal y muy cerca del Passeig Mallorca– pertenece a la familia de Horrach desde hace décadas. Lo compraron a la marca Firestone y luego, durante un tiempo, lo siguieron explotando como taller de mecánica y de reparación y reposición de neumáticos. Luego, el establecimiento cerró y desde entonces ha permanecido así –sólo lo utilizan como almacén y guardamuebles–.

Antoni Horrach, propietario del edificio

A la familia no le han faltado ofertas para alquilarlo o comprarlo. Cadenas de supermercados y otras empresas se han interesado por el jugoso local, que abarca 10.000 metros cuadrados. Pero los Horrach siempre se lo han reservado.

Sin embargo, tener un edificio vacío conlleva sus inconvenientes. En todo este tiempo –como cabría esperar–, se han producido varios intentos de indigentes y okupas por entrar en el inmueble, algo que siempre ha sido atajado por la policía, según relatan los vecinos. Además, las paredes están repletas de carteles y pintadas, un hecho que no contribuye a dar, precisamente, una buena imagen a la zona.

La pregunta es ahora ¿por cuánto tiempo más? La situación económica no invita precisamente al optimismo.

La luz de Galileo entra en la Seu

9 Feb
  • El sol se filtra por el rosetón y se proyecta en la pared de enfrente en las inmediaciones del solsticio de invierno
  • Las fechas culminantes son el 11/11 y el 2/2
  • A partir de mediados de febrero el fenómeno va desapareciendo y no vuelve hasta el otoño

Contrariamente a lo que cree la mayoría, el sol no siempre sale exactamente por el este. En invierno, el astro rey se asoma entre el levante y el sur. Y cuando se pone –en una trayectoria circular y más o menos simétrica–, también se orienta hacia el más cálido de los puntos cardinales. Es un fenómeno geométrico y científico, pero en Palma también tiene algo de arquitectónico. Durante unas cuantas semanas del año –en las inmediaciones del solsticio de invierno–, los rayos del sol naciente inciden de manera perfecta sobre uno de los rosetones de la Catedral, dando lugar a un espectáculo de luz que cada vez tiene más seguidores. Una exhibición que habla de matemáticas, religión, tumbas y reyes, y que durante  estos días toca a su fin.

Proyección del rosetón en el interior de la Seu (Foto: Mariona Cerdó)

Quien quiera verlo sin esperar al próximo otoño –el fenómeno empieza a mediados de noviembre y acaba a principios de febrero–, debe dirigirse cuanto antes a la Seu a las ocho de la mañana de un día soleado. Nada más entrar, podrá observar cómo un haz multicolor se proyecta sobre los pilares y los arcos ojivales de la nave central. Entonces sabrá que la función acaba de comenzar. Poco a poco, el juego de luces –es decir, los rayos del sol filtrados por los cristales policromados e incidiendo sobre las paredes– irá desplazándose hacia el centro de la iglesia, hasta quedar justo debajo del segundo de los rosetones.

Galileo Galilei defendió las teorías de Copérnico y se enfrentó a la Iglesia, empeñada en que la Tierra era el centro del Universo. Paradojas de la vida, el espectáculo que acogen cada año las cristianas paredes de la Seu es en cierta forma una prueba del heliocentrismo,  ya que se rige por los movimientos de rotación y translación del planeta, así como una muestra de la inclinación del globo terrestre, que es la responsable de las estaciones y de que el sol salga y se ponga por distintos puntos en función del momento del año.

Gráfico: J. A. Vaca Cerezo

La proyección multicolor es también una de las maneras que tiene la Societat Balear de Matemàtiques (SBM-XEIX) de acercar la geometría, la astronomía y la ciencia en general a la población. Son dos de sus miembros, Daniel Ruiz Aguilera y Josep Lluís Pol Llompart, quienes, a través de su estudio Els efectes de la llum solar a la Seu de Mallorca, han popularizado el fenómeno.

¿Por qué se produce? Básicamente, porque el templo está perfectamente orientado hacia la salida del sol en el solsticio de invierno, que cae entre los días 21 y 22 de diciembre. Había una posibilidad entre 360 de que fuera así, lo que lleva a pensar a estos dos matemáticos que no se trata de una casualidad. A principios del siglo XIV, Jaume II hizo levantar la Capilla Real, el lugar donde iba a instalar su sepultura y el germen de la Catedral. No es descabellado pensar que los constructores la orientaran hacia el lugar donde sale el sol en las fechas próximas a Navidad, ya que para los católicos «Dios es la luz». Décadas más tarde, cuando obispo Antoni de Galiana mandó levantar la nave y los dos rosetones, el conjunto se habría construido de acuerdo a esta disposición inicial.

El sol entra por un rosetón y sale por otro en el solsticio de invierno (Foto: Josep Ll. Pol)

Es por ello que en las fechas próximas a Navidad, la luz entra de manera perfecta por uno de los rosetones y sale por el otro, un fenómeno espectacular que puede observarse desde el Baluard de Sant Pere y que genera la ilusión de que hay un incendio en el interior de la Seu. Luego, en los días 11/11 y 2/2 –simétricos respecto al solsticio– y en sus fechas cercanas, la luz se proyecta bajo el otro rosetón, dando lugar a lo que se conoce como el «espectáculo del ocho» –los dos círculos, uno debajo del otro, recuerdan al número ocho–. Esta última figura es la que toca a su fin en estos días. A partir de ahora, la proyección de luz irá bajando y alejándose cada vez más del segundo rosetón, hasta situarse, durante la primavera y el verano, en el suelo.

Con sus 11,3 metros de diámetro, 24 triángulos equiláteros y 1.116 piezas de cristal, el rosetón principal de la Seu es uno de los más grandes de la Cristiandad –sólo le supera el de Notre Dame, en París–. También es un reloj de sol que marca la hora y la estación del año. Y desde hace algunos años, una puerta de entrada a las matemáticas y la historia.

Léalo en elmundo.es

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/08/baleares/1328688568.html 

Talentos de ida pero no de vuelta

27 Ene
  • Miles de jóvenes con posibilidades abandonan Baleares en busca de perspectivas laborales mejores

  • En cuatro años, 5.000 residentes se han ido a vivir al extranjero

 Se llama Manuel Luna, pero investiga el sol. Y no en un sitio cualquiera. Estudió la carrera de Física en la Universitat de les Illes Balears (UIB) y sus pasos le acabaron llevando hasta Washington D.C. y la NASA. Allí hace modelos matemáticos y simulaciones sobre el comportamiento de las protuberancias solares, que son el origen de la mayoría de las erupciones del astro rey. El pasado domingo se produjo una de estas emisiones, dirigida hacia la Tierra.

Manuel Luna estudió en la UIB y trabaja en la NASA

566 kilómetros más al norte vive Carlos Palenzuela. También físico;también hijo de la UIB. «Cuando miramos al cielo todo lo que vemos proviene de la radiación electromagnética (la luz visible, los rayos X, los infrarrojos…), pero también se generan otro tipo de ondas: las gravitacionales», asegura con pasión a la hora de explicar su trabajo, que en líneas generales consiste en investigar mediante simulaciones numéricas las radiaciones que se producen en las colisiones de agujeros negros y estrellas de neutrones. Lo hace en Toronto (Canadá), a miles de kilómetros de la isla donde nació: Mallorca.

Son tan sólo dos ejemplos de jóvenes cerebros fugados de las islas. Brillantes científicos formados en Baleares que están prestando sus servicios y proporcionando su talento a otro país. Ambos querrían regresar a Mallorca, pero no pueden. «Me gustaría volver con unas opciones dignas», afirma Manuel. «En general, un científico no quiere hacerse rico, pero tampoco malvivir toda su vida», añade Carlos.

Las cifras son claras. Desde que empezó la crisis, casi 5.000 baleares se han marchado al extranjero. Son datos del censo electoral de españoles residentes en el extranjero (Cera). Obviamente, no todos son científicos fugados, pero la inmensa mayoría sí son jóvenes de 25 a 35 años con un alto nivel académico. Así lo asegura en un reciente informe Adecco, entidad internacional experta en recursos humanos.

¿Qué es lo que ocurre? Todas las fuentes consultadas por este diario coinciden: el apoyo que se da en España a la investigación es muy deficiente. Y Baleares no es una excepción. Por mucho que la UIB se empeñe en atraer científicos de otros países y promocionar la investigación, si las políticas públicas no ayudan poco se puede hacer.

Carlos Palenzuela investiga ondas gravitacionales en Toronto

Así se desprende del testimonio de Carles Bona, catedrático de la UIB e investigador. «Los grupos españoles están en primera línea internacional en caché y prestigio», explica. Sin embargo, en España «no se les da ningún tratamiento especial». Una muestra muy significativa de este fenómeno es lo que ocurre con las becas Ramón y Cajal. Una comisión totalmente ajena a las universidades, explica Bona, es quien selecciona a unos candidatos que luego, en muchas ocasiones, no interesan a los propios centros. Es así como en estos momentos hay dos centenares de plazas vacantes que podrían estar siendo ocupadas por científicos españoles que pululan por el mundo y que sí que son del gusto de las universidades. Todo un despropósito y un contrasentido.

Y si no que se lo digan a Carlos Palenzuela, que recientemente publicó una investigación en la prestigiosa revista Science –un hito en su carrera– y ni con esas logró regresar a España en unas condiciones laborales dignas. La UIB lo quería de vuelta, pero nada. «Un joven que termina el doctorado en España le da 20 vueltas a cualquier otro, ya que aquí se dedican cuatro años y no tres a la tesis», abunda Bona. Es por ello que «es muy fácil» que salgan al extranjero. Volver ya es otra historia.

Y tres cuartos de lo mismo ocurre con la medicina. «Baleares es sin duda una de las cinco comunidades más deficitarias en investigación oncológica [contra el cáncer], cuando es la segunda causa de muerte en España». Quien habla ahora es Javier Martín Broto, presidente del Grupo Especializado en Investigación de Sarcomas (Geis). La investigación médica en las islas está en «precario» y dedicarse a ella es una «heroicidad», añade.

Avatâra Ayuso es coreógrafa y bailarina en Dresden (Alemania)

Pero no todos los cerebros fugados proceden del mundo de la ciencia. También los hay de las artes. Avatâra Ayuso, coreógrafa y bailarina formada en el Conservatorio de Palma, acaba de ser nombrada Joven Artista de Sajonia 2012 y prepara varias coreografías desde la ciudad alemana de Dresden (una de ellas es una coproducción entre Los Teatros delCanal de Madrid y el European Center for the Arts Dresden). «¡Ojalá pudiera volver!», afirma. Sin embargo, no le surgen muchas posibilidades de mostrar su trabajo en las islas.

El talento es riqueza, pero no todo el mundo lo tiene claro. Manuel Luna regala una última frase para la reflexión: «En muchos países la investigación es causa y no sólo efecto de la riqueza y yo me pregunto por qué un lugar tan pragmático como Estados Unidos tiene una grandísima inversión pública en este campo».

Léalo en El Mundo / El día de Baleares  http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/27/baleares/1327650314.html

Seis meses de ‘okupación’

20 Ene
  • El casal de Sa Foneta monta charlas y talleres y da cabida a una veintena de entidades

  • Estaba abandonado desde 2007

Desde el tejado de sus nobles cuatro plantas se vislumbran, con la claridad que dan las alturas, los edificios de La Caixa, el Santander y Es Crèdit. Tal vez por aquello de que al enemigo hay que tenerlo controlado, un grupo  de jóvenes –algunos procedentes del movimiento 15-M– decidió el pasado verano ocupar este edificio, situado en el número diez de la Plaza de España y abandonado desde 2007. El pasado viernes se cumplieron seis meses de la acción, cuyo objetivo es la puesta en marcha de un centro cultural alternativo y autogestionado. Lo llamaron Sa Foneta.

Fachada del edificio, situado en la Plaza de España (Reportaje gráfico: Jordi Avellà)

Cualquiera que tenga interés puede entrar a verlo y comprobar las actividades que se ofrecen. La visita no le dejará indiferente. Cuatro plantas enormes distribuidas alrededor de un patio en las que, como si acabara de producirse un bombardeo, las ventanas se abren al exterior desnudas, sin marcos ni cristales, permitiendo que se cuele toda la humedad del invierno palmesano. Las baldosas hidráulicas y los restos de papel pintado –así como la escalera de piedra, las puertas de madera tallada y las ventanas con cristales de colores– hablan del pasado señorial de un edificio construido hace 110 años bajo la influencia innegable del modernismo.

«Dr. Brusotto», reza un cartel colgado de una puerta del primer piso. Donde un día estuvo la consulta médica, hoy se han habilitado varias aulas para acoger proyecciones y debates –tienen prevista, próximamente, la visita del diputado andaluz Juan Manuel Sánchez Gordillo–.

Sala de lectura

En la misma planta también hay una biblioteca que resultaría acogedora si no fuera por el frío. Los libros se organizan en estanterías bajo pósters de Van Gogh. Y los mullidos sofás invitan a la lectura.

La idea de la ocupación surgió durante los primeros meses del verano. No es complicado imaginar a los indignados contemplando el edificio abandonado durante las guardias nocturnas en la Plaza de Islandia. La amenaza de un desalojo ya planeaba desde hacía días sobre el campamento y el traslado –obviamente ilegal– se llevó a cabo de manera casi natural, aunque no se atribuye al movimiento 15-M. La disolución del campamento se produjo el día 4 de julio y tan sólo nueve días después se consolidaba la ocupación.

El edificio, de 2.300 metros cuadrados, pertenece a la inmobiliaria Solvia Development, propiedad del Banc de Sabadell. La empresa abandonó el edificio después de verse incapacitada para terminar las obras de rehablitación. Este periódico se puso en contacto con el departamento de comunicación de la entidad bancaria, que aseguró que tiene denunciada la ocupación en los Tribunales y que está esperando sentencia. Los ocupantes de la casa aseguran que no han recibido ninguna notificación y que tampoco hay quejas vecinales, por lo que creen que no es previsible un próximo desalojo.

Sala de lectura

Los responsables de la ocupación son reacios a aclarar cuántas personas viven en el edificio. Aseguran que reside en él un «grupo motor» que se encarga de la vigilancia del inmueble así como de los trabajos para acondicionar el centro cultural. Cuando este periódico llega al casal, dos personas trabajan en unas vigas de madera y otra más rehabilita la puerta del garaje que da al Convent dels Caputxins. Del patio se han retirado kilos y kilos de escombros que la empresa constructora fue apilando durante las obras. «Queremos romper el estereotipo del okupa, nosotros estamos aquí para trabajar y construir algo», asegura Robert, uno de sus responsables.

La distribución se ha hecho de acuerdo con los consejos de un arquitecto, que confirmó el buen estado del edificio pero, a la vez, recomendó que los espacios con más gente se situaran en las primeras plantas. Así, la veintena de entidades que cuenta con un local (Anima Naturalis, Maulets, Ecoaldeas…), la Oficina de okupación –asesora sobre cómo ocupar un edificio y lleva al día los aspectos legales de Sa Foneta– y el gimnasio se sitúan en la planta baja. La Universidad libre –donde se hacen proyecciones y debates– y la biblioteca, por su parte, están en el primer piso.

En cuanto al segundo, allí se ubican las clases de yoga, las asambleas y el aula abierta, donde se imparten clases de alemán, catalán, inglés, italiano y talleres de fontanería, electricidad y rehabilitación. También hay una habitación donde se puede dejar o coger ropa usada. Un piso más arriba, se sitúa la sala de exposiciones y el estudio de arte. En esta planta vivió el filólogo y lingüista menorquín Francesc de Borja Moll. En la azotea, se preparan la puesta en marcha de una televisión pirata y cursos de fotografía.

Refugio, probablemente de la Guerra Civil

Borja Moll no es la única sorpresa histórica del edificio. Sus actuales ocupantes descubrieron también un túnel de 15 metros que muy probablemente fuera un refugio antiaéreo de la Guerra Civil. Todavía quedan los rodillos de porcelana que sostenían el cable eléctrico y un pasillo tapiado podría conducir a la plaza.

Sa Foneta aspira a construir una oferta alternativa desde fuera del sistema, a imagen y semejanza de otras casas ocupadas europeas, que han llegado a convertirse, incluso, en reclamos turísticos. ¿Se consolidará esta primera propuesta de envergadura en Palma?

Web de Sa Foneta: http://www.youtube.com/watch?v=nRj4CaGEXMg&feature=related

La matrona del módulo 8

11 Ene
  • Aurora es una jubilada que de forma voluntaria da charlas de anticoncepción y prevención a las presas de la cárcel de Palma

Es momento para el tiempo libre y las presas se entretienen jugando a cartas, coloreando dibujos y charlando en los bancos, las unas sentadas, las otras tumbadas sobre los muslos de sus compañeras. De repente se arma un buen alboroto: alguien ha entrado en la sala.

La escena se repite desde hace 14 años, a razón de una o dos veces por semana. Aurora recoge su identificación en el primer control, deja el móvil y las llaves del coche en una pequeña taquilla, atraviesa una docena de puertas blindadas, recorre varios patios de cemento y gravilla y entonces, al final del camino, entra en el módulo 8, provocando un gran bullicio. Las mujeres se levantan para recibirla, la abrazan y le comentan las últimas novedades.

Aurora resuelve las dudas de las presas (Reportaje gráfico: Jordi Avellà)

Ella es la matrona de las mujeres de la cárcel de Palma, una labor que lleva haciendo de manera voluntaria desde hace 14 años. En los inicios, cuando las embarazadas residían aún en la prisión, las preparaba para el parto, las acompañaba al ginecólogo e, incluso, las atendía el día del alumbramiento; hoy, sin embargo, con la apertura de la Unidad de Madres en un centro diferente, su labor es básicamente educativa. Aurora resuelve dudas y da charlas sobre métodos anticonceptivos, prevención de enfermedades de transmisión sexual y menopausia, entre otras cuestiones. Después de tanto tiempo, se ha convertido en toda una institución en la cárcel.

«Una persona privada de libertad debe tener las mismas prestaciones que todo el mundo», considera esta matrona jubilada hace ya una década, cuya complicidad con las presas se basa en una relación de respeto mutuo en que las muestras de afecto no están proscritas. «No tengo por qué despreciarlas», asegura, al tiempo que deja claro que, cuando habla con ellas, siempre se centra en asuntos relacionados con su profesión: «Lo que hayan hecho no es asunto mío, ni lo pregunto ni me importa». En 14 años, ha llegado a conocer a tres generaciones de presas de una misma familia.

«Aurora, te voy a cantar una canción». Quien habla ahora es Sonia –todos los nombres de las presas son figurados–, una joven rubia oxigenada con piercings en los labios y un desparpajo especial. Moviendo el cuerpo al ritmo de las palmas, recita una letra que bien podría ser el rap de la anticoncepción, cantando las alabanzas y utilidades del preservativo. Irreproducible por no ser apta para menores de edad, la canción es desternillante. «¿A que mola?», «¿es tuya?», «la aprendí por ahí».

Aurora atiende a un total de 130 mujeres, a las que se suman una veintena más de la Unidad de Madres, a la que también acude para hacer preparación al parto. Su labor en la cárcel varía según el día: a veces da charlas en el auditorio, otras responde a dudas individuales y otras pasa consulta con el ginecólogo, en la enfermería de la prisión.

Aurora posa frente al módulo 8 de la cárcel

La oportunidad se la brindaron cuando sólo le faltaban cuatro años para jubilarse. Le ofrecieron ejercer de comadrona de la prisión a cambio de reducirle algunas horas de su jornada laboral, un reto que aceptó. Luego, cuando tocó el momento del retiro, estaba tan a gusto que decidió continuar.

El día del reportaje las presas se han reunido en una aula que hay al otro lado del patio para plantearle sus dudas. Rosalva, calzada con unas llamativas pantuflas rosa peluche, quiere saber qué riesgo tiene de padecer cáncer de útero, ya que su hermana está teniendo problemas relacionados con esta patología. Alba, por su parte, le pide una charla sobre métodos anticonceptivos, al tiempo que le muestra una hoja en la que se explican las conductas de riesgo para contraer el VIH.

«Tú y yo tenemos que hablar», le dice, ya a la salida, Aurora a Carmen, cuando esta última le dice que quiere volver a ser madre. Ya tiene un hijo, del que la separaron cuando ingresó en prisión.

A día de hoy, las presas ingresan en la Unidad de Madres cuando están embarazadas de entre 20 y 30 semanas. Allí pasan todo el proceso, con las visitas al centro de salud que sean necesarias y luego el parto en el hospital correspondiente. El niño crece con ellas hasta que tiene tres o cuatro años, aunque lo más común es que en ese tiempo ya hayan salido de la prisión.

Aurora quiere seguir desarrollando su labor durante muchos años, aunque también espera que algún día surja el sucesor: «¡A ver si alguien se anima!».

Unos ojos para África

12 Dic
  • La fundación mallorquina Bona Llum lleva la atención ocular a la región etíope de Meki

  • Tambien trabaja en Guatemala

Ashe tiene claro que nunca podrá abandonar su país y, como quiere ver mundo, ha decidido estudiar geografía para viajar sin moverse de casa. En los últimos meses se ha construido una habitación de tela, en la que estudia cada noche con la ayuda de una vela. Toma clases en una escuela de Meki (Etiopía), el mismo lugar donde este verano aterrizó Xisca Arrom, con la misión de evaluar la vista a los alumnos. Ella era la optometrista voluntaria de la fundación mallorquina Bona Llum, que proporciona asistencia ocular a personas sin recursos tanto en Baleares como en países del Tercer Mundo. La apodaron Eye Doctor.

Ashe y Xisca hicieron buenas migas. Él, de 18 años, la ayudaba a anotar los nombres y a llevar un seguimiento de los niños que ella iba viendo. En sólo 12 días, Xisca batió todos los récords y, con el apoyo inestimable de Ashe, consiguió revisar la vista a casi 1.300 niños –1.296 para ser más exactos–. De ellos, dos tuvieron que ser derivados a un centro ocular por problemas serios en la vista y a otros 112 les prescribió unas gafas que les llegarán en breve.

Xisca gradúa la vista a un niño

La Fundación Bona Llum nació en 1998 y en el último año ha tomado un nuevo impulso, con acciones de cooperación internacional que se suman también a campañas en Baleares, donde colabora con Cáritas, Zaqueo y Can Gazà, entre otras entidades. Sea cual sea el lugar de actividad, el objetivo es siempre el mismo:ofrecer atención ocular gratuita a personas sin recursos que, de otra manera, no podrían acceder a ella.

Bajo esta premisa, la dirección de la fundación –integrada por Jaume Bauzá, Tolo Camps y Bernat Nadal, entre otros– decidió poner en marcha hace meses la campaña Una nova mirada, con el apoyo de Endesa y Apotecaris Solidaris, así como de otras entidades. La idea era desplazarse a lugares del Tercer Mundo donde otras organizaciones hubieran desarrollado ya una tarea previa –es decir, donde ya hubiera unos servicios básicos– y proporcionar atención ocular a la población. La primera acción se desarrolló la pasada primavera en El Quiché (Guatemala); la segunda, en Meki.

«En el mundo hay 150 millones de personas ciegas y en muchos casos se podría haber evitado». Jaume Bauzá, presidente de la fundación, pone los datos sobre la mesa durante un encuentro con este periódico. En El Quiché, sin ir más lejos, hay un solo oculista para una población de 500.000 personas, lo que provoca una gran desatención. «Muchos niños tienen infecciones y se quedan ciegos, por eso es tan importante hacerles una revisión», añade.

Xisca Arrom, por su parte, pudo tocar esta realidad con sus propias manos en Meki. A los pocos días de llegar, una madre le llevó a su hijo, que en un mes de vida jamás había abierto los ojos. Tras la primera impresión, la optometrista optó por ponerle unas gotas que contenían una dosis mínima de antibiótico. Funcionó. Al igual que también lo hizo con Abraham, un niño muy pobre que estudiaba en la escuela de Meki gracias a una beca y que tenía una conjuntivitis de campeonato.

Una señora de Meki en el momento de las pruebas oculares

Lo que hace Bona Llum es desplazarse a estos lugares y sentar una primera base de atención ocular. Luego, va haciendo un seguimiento a través de internet, con la ayuda de personas del lugar a las que previamente ha formado en cuestiones muy básicas. En una segunda oleada, envía a un oftalmólogo para que haga operaciones en caso de que sea necesario. Y eso es lo que va a hacer en breve en El Quiché, donde Bona Llum colabora con la ONG Voluntaris de Mallorca –en Etiopía, lo hace con Living Meki, que lleva cinco años trabajando en el lugar–.

Paralelamente, la fundación lleva a cabo en la actualidad una campaña de recogida de gafas viejas, que luego selecciona y clasifica para enviarlas a los países donde trabaja. Las cajas pueden encontrarse en las oficinas de atención al cliente de Endesa y las farmacias de Apotecaris Solidaris.

Para llevar a cabo con éxito su actividad, Bona Llum necesita de la colaboración de voluntarios –que nunca son suficientes–. Xisca Arrom lo es, como también lo son todos los que han viajado con la fundación. «Este es el trabajo para el que realmente estudié», asegura Xisca a la hora de valorar su experiencia en Meki, para la que sólo tiene buenas palabras.

Y anécdotas. Durante sus doce días en Etiopía tuvo que tomar cantidades industriales de café –las familias la invitaban y rechazarlo hubiera sido de mala educación– y lidiar con los niños que deseaban por encima de cualquier otra cosa llevar gafas y que, realmente, no las necesitaban. «Se inventaban las respuestas para que se las pusiera», cuenta divertida.

Un paciente hace las pruebas de visión

De su estancia en Etiopía a Xisca le queda aún una experiencia más. Trabajando codo a codo conAshe, se dio cuenta de que estaba muy delgado. Poco después, se enteró de que el joven no podía pagarse los dos años de escuela que le quedaban antes de poder ingresar en la universidad y que había decidido pasar hambre para poder sufragarse los estudios. Al final de su periplo en Etiopía, Xisca apadrinó a Ashe, decidido a convertirse en un gran geógrafo. No en vano, Ashe significa ganador.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/04/baleares/1322993918.html

El declive de los vigías de la ciudad

23 Nov
  • Dos de los cinco molinos de Es Jonquet amenazan derribo

  • Los vecinos exigen a Cort que los expropie

  • Su rehabilitación, pendiente de un PERI que no estará listo antes de 2013

El cuerpo derrumbado; los brazos amputados; la cabeza al aire. Los molinos de Es Jonquet podrían ser pero no son. Tienen una de las vistas más privilegiadas de la ciudad –sus arcos son un balcón al mar– y cuentan con una belleza y una historia que puede ofrecer mucho a Palma, dándole un valor que la aleje de la creciente uniformización y monotonía de las ciudades turísticas mediterráneas. Sin embargo, permanecen olvidados y degradándose a pasos agigantados, a medida que el tiempo pasa y que el ámbito público y privado no se ponen de acuerdo en cómo resolver su futuro.

Molinos d'en Garriga y d'en Gelós (Cati Cladera)

Antes que nada una salvedad: no son todos. De los cinco molinos que hoy siguen en pie –según documentos históricos llegó a haber entre siete y nueve–, dos están en buen estado: el Molí del Nom de Déu y el Molí d’en Garleta. En cambio, los otros tres se encuentran en unas condiciones ruinosas. Son los molinos D’en Carreres, D’en Garriga i D’en Gelós. Estos dos últimos son los que amenazan ruina y los que han generado un mayor número de protestas y de informaciones periodísticas.

Y eso que en teoría son Bien de Interés Cultural (BIC). El Consell de Mallorca les otorgó está figura de protección en noviembre de 2009, a petición de la plataforma Salvem Es Jonquet y sin que de momento se haya derivado ninguna medida encaminada a su rehabilitación. No es extraño que lo hiciera: se trata de un conjunto de molinos harineros del siglo XVII que durante centenares de años han formado parte de la postal –y en su día, de la economía– de Palma. Un plano de 1644 ya documenta su existencia y son, en definitiva, una parte muy importante de la historia de la ciudad.

Entonces, ¿cuál es el problema? Básicamente, que son de propiedad privada. Si los molinos del Nom de Déu y D’en Garleta están rehabilitados es porque el Ayuntamiento los expropió a lo largo de la década de los 80. No ocurrió lo mismo con los otros tres, ya que cuando estaba a punto de iniciarse el proceso, el entonces alcalde –Joan Fageda– llegó a un acuerdo con los propietarios: se comprometían a repararlos y mantenerlos en buen estado. No hace falta decir que nunca lo hicieron.

Empezó a partir de entonces un creciente proceso de degradación que hoy ya amenaza, directamente, la pervivencia de estas dos construcciones, que antes del declive albergaron la popular discoteca Jack el Negro. Hace tan sólo unas semanas –en el mes de septiembre–, se desplomó parte del techo del molino D’en Garriguera. Y en estos momentos, pese a que el Ayuntamiento anunció que los tapiaría, sigue habiendo huecos en las rejas que permiten que los indigentes los ocupen, poniendo en riesgo su vida.

La solución al problema parece pasar por la redacción de un Plan Especial de Reforma Interior del barrio de Es Jonquet, anunciada en repetidas ocasiones por el Ayuntamiento de Palma y que está siendo uno de los partos administrativos más largos de los últimos tiempos. La redacción del plan salió a concurso en enero de 2011 y a día de hoy está adjudicada por la mesa de contratación a un equipo de arquitectos sin que todavía se haya empezado el trabajo. El motivo: la Junta de Gobierno de Cort aún no ha adjudicado “formalmente” el proyecto, según señalaron a este periódico fuentes de la Gerencia de Urbanismo. Cuando lo haga, el proceso de elaboración se alargará durante 15 meses más. Es decir: antes de 2013 no estará hecho.

Derrumbes en uno de los molinos (Cati Cladera)

Y el equipo político de Urbanismo no dará el visto bueno a la adjudicación hasta que haya estudiado con detalle la situación, que es lo que está haciendo en estos momentos. Se trata de analizar las implicaciones del BIC para la zona. Porque ese es el quid de la cuestión. Y no sólo en lo que hace referencia a los molinos.

Hay, efectivamente, otra cuestión sensible: la de dos proyectos urbanísticos en jugosos solares situados en la primera línea de Es Jonquet. La primera de ellas, que es la más importante y se sitúa en los terrenos denominados Mar i Terra, corre a cargo de Acciona y, de llevarse a cabo, supondría la construcción de 113 viviendas, un parking excavado en el talud en el que hoy se asoman los molinos y también un centro comercial. La segunda, ubicada en la parcela de Es Rentadors, contempla la construcción de 20 viviendas.

Los vecinos se oponen frontalmente a estos dos proyectos, al tiempo que reivindican la expropiación inminente de los molinos D’en Garriga y D’en Gelós.

Según los responsables políticos del Pacte, tanto el BIC como el posterior PERI deben evitar estos proyectos urbanísticos, pero hoy todo está en el aire. Con tanto contratiempo, lo que parece extraño es que los molinos de Es Jonquet sigan vigilando la ciudad desde su atalaya. Mientras, muchos de sus hermanos –o primos– van muriendo en el campo. Ya lo canta Toni Morlà: “Cementeri de molins / és tot es camp de Mallorca / que si fa vent no importa / són bubotes es mesquins”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/16/baleares/1318760919.html