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La Soledat también existe

26 Mar
  • Los vecinos reclaman una apuesta definitiva por su rehabilitación

  • Su apertura a la Fachada Marítima está parada

A la calle de la Fe se le acaba la esperanza y una nevera abandonada se oxida frente al bar Quita Penas. Sobre el asfalto desgastado, una bolsa de unos conocidos grandes almacenes cruza la calle empujada por el viento, anunciando la entrada a una de las zonas tradicionalmente más olvidadas de la ciudad. Es la parte sur de La Soledat, punto de marginalidad y de venta de droga pero también lugar lleno de historia, belleza y posibilidades. Así coinciden en asegurarlo vecinos y comerciantes, que reclaman una apuesta decidida por su rehabilitación.

No es que no se haya hecho nada, pero las medidas siempre han sido puntuales y no han ahondado en los problemas del barrio. Basta con pasearse por la calle Fornaris –especialmente en su confluencia con Fe y Brotad– para verlo. Edificios de una planta abandonados y tapiados –con la tipología tradicional de las viviendas populares isleñas– se degradan a marchas forzadas. A través de una ventana es posible ver las vigas del techo y, más allá, el cielo.

Entrada a la calle Fornaris (Fotos: Jordi Avellà)

Barrio obrero por antonomasia, La Soledat creció a la sombra de las fábricas a finales del siglo XIX (sobre todo textiles, de calzado, hierro y madera). Los patronos potenciaron que sus obreros residieran cerca de su lugar de trabajo y fue así como se fueron levantando los edificios que aún pueden verse en la actualidad –sólo la fábrica de mantas de Can Ribas tenía 400 empleados y la mayor parte vivía en la zona–.

Dado que el barrio funcionaba como un pueblo separado de la ciudad, las calles que hoy constituyen el núcleo de su parte sur –la calle Manacor marca el límite entre el distrito norte y el sur– no se comunicaban con Palma, sino que morían en los huertos situados en la parte trasera de las viviendas –«cuando soplaba el embat, los molinos rodaban a gran velocidad y extraían agua para regar», relata Mateu, vecino de toda la vida–. Son estas mismas calles las que en la actualidad incomunican el barrio y constituyen un embudo: un circuito cerrado perfecto para los trapicheos y la degradación.

No es en absoluto un hecho desconocido: El Ayuntamiento lo sabe y el Plan Especial de Rehabilitación Interior (Peri) de La Soledat contempla la expropiación de viviendas y solares para esponjar este punto negro y comunicarlo con las calles que en estos momentos ya se están abriendo detrás de la Fachada Marítima –la idea es construir un eje que vaya desde Reyes Católicos hasta el mar a lo largo de la calle Brotad–. Sin embargo, el proyecto está paralizado.

Chimenea restaurada junto a una vivienda abandonada

«Hay otras prioridades». Así lo explicó ayer a este diario el concejal de Urbanismo, Jesús Valls, quien atribuyó la situación a la falta de dinero para inversiones. No sólo están paradas las expropiaciones, sino también la construcción de viviendas protegidas. «Estamos esperando una mejor ventura para impulsar un proyecto rentable que combine el modelo público y privado», añadió.

Anteriores administraciones, tanto del PP como del Pacte, impulsaron destacadas medidas puntuales como la rehabilitación de Can Ribas y la construcción de pisos para mayores de 65 años sin recursos. Sin embargo, el trabajo global de regeneración está a medio hacer, sin visos de culminar a corto plazo.

Tal y como explica Jesús M. González Pérez en su libro La pérdida de memoria y la degradación urbana, morfología y patrimonio de un antiguo barrio industrial: La Soledat, el deterioro de la zona empieza con «la desaparición de la actividad industrial en su interior». Así lo corrobora también Joan Mayol, propietario de una ferretería en la calle Manacor desde hace tres décadas y uno de los pocos comerciantes veteranos que sobreviven.

La actividad industrial en el barrio se prolongó hasta mediados de los años 90 –ya en pleno boom turístico– con la consolidación de pequeños talleres de mecánica, torno y carpintería. Paralelamente, se instalaron comercios que vendían tanto a estas pequeñas industrias como a los inmigrantes de la península que se habían instalado en el barrio.

Fábrica de zapatos Gorila, situada en La Soledat

Con la paulatina desaparición de los talleres, en especial a partir del año 2000, empezó también el cierre de los comercios y el éxodo de vecinos, que se fueron buscando lugares con más posibilidades. La crisis económica, prosigue Mayol, no ha hecho más que rematar el barrio, que se transforma a pasos de gigante hacia un estado poco alentador. Es en este contexto que se han instalado en él un gran número de inmigrantes, cuyo consumo es, en general, limitado, ya que es de subsistencia.

Sin embargo, a pesar de lamentar grandes carencias –ni polideportivo, ni centro de salud, ni biblioteca– la Asociación de Vecinos ve con cierto optimismo el futuro y las medidas puntuales de descongestión del tráfico que ya se están tomando. Además, su presidente, Joan Monserrat, destaca la gran cantidad de entidades ciudadanas y las posibilidades de un barrio «bonito y con mucha historia». Las casas vacías, las chimeneas y las antiguas fábricas esperan.

Más información, en el blog Alta Mar

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Se vende palacete

11 Ene
  • El centro de Palma se llena de casas antiguas y señoriales buscando comprador
  • Sus precios alcanzan los cinco millones de euros
  • La crisis impide la venta y provoca que, vacías, se vayan deteriorando

Se venden «sueños». Un balcón de la calle de las Siete Esquinas luce especialmente colorido. Su dueño ha colgado en él una veintena de carteles de se vende y los ha rellenado a su antojo. Así, en la casa en cuestión, se vende una «suegra», «tortillas», la «tentación» y hasta un «tanga de hilo». Muy cerca, en la calle Plateria hay otro cartel de se vende, pero este es menos original.

Casa señorial en venta en la plaza Sant Francesc (Reportaje gráfico: Pep Vicens)

En las calles del casco antiguo de Palma cada vez prolifera más la venta de casas señoriales, más conocidas de un tiempo a esta parte como palacetes, a causa del famoso y lujoso inmueble que Jaume Matas se compró en la calle Sant Feliu siendo presidente del Govern –y que se ha convertido en uno de los símbolos de la corrupción política en Baleares–.

Pero, en general, las casas que se venden en el centro histórico nada tienen que ver con las siglas o el abuso de poder. Si están vacías y buscando un cambio de propietario es más bien por otro fenómeno, muy relacionado con la crisis, pero también con un cambio de época. Octogenarios que fallecen y cuyos hijos no se ven viviendo en frías habitaciones de techos altos –o que no pueden costearse las reformas–. Gente mayor que ya no puede valerse por sí misma y que acaba sus días en asépticas residencias, mientras el lugar donde vivió toda la vida, ya vacío de los objetos que le acompañaron, se degrada a pasos agigantados, víctima del olvido y la humedad.

Son imponentes edificios de dos y tres plantas, con balcones de hierro y nobles y vistosas galerías. Una buena parte están situados en los alrededores de la iglesia de las Caputxines y la calle Sant Jaume –zona popularmente conocida como Ca n’avall–, aunque también los hay en la parte alta, en Ca n’amunt. En la plaza de Sant Francesc, por ejemplo, dos carteles azules anuncian la venta de un gran edificio de alargados balcones.

Obviamente, la crisis también tiene mucho que ver en el asunto, ya que la venta de edificios se acumula ante la ausencia de compradores que estén dispuestos a desembolsar cantidades de dinero que alcanzan los cinco millones de euros. Porque lo curioso del caso es que los precios apenas bajan.

Carteles de 'se vende' en la calle de los 'set cantons'

Así lo explicó a EL MUNDO/El Día de Baleares Kai Dost, director general de la inmobiliaria afincada en Mallorca Dost&Co. Según su testimonio, los precios de las viviendas de lujo siguen al mismo nivel de 2006, ya que el mercado inmobiliario mallorquín es conservador y no hay «prisa por vender». «El mercado se estanca, hay pocos que necesiten vender rápido», abundó Dost. La entrevista también aportó otros datos interesantes, como que los compradores de este tipo de inmuebles suelen ser inversores en busca de un valor seguro. «No se fían del oro ni tampoco de la bolsa», explicó.

Pero más allá de la economía, el problema es que, sin habitar, estas casas se van degenerando a marchas forzadas. Primero las tuberías se obstruyen, luego se rompen los cristales y las persianas y al final la humedad se cuela por todas partes, poniendo en peligro un importante patrimonio arquitectónico e histórico.

En els set cantons, se ofrecen «deseos», «ilusiones», «rasurado de ingles» e incluso un «¿por qué?». También se vende una «isla». Por suerte, en Mallorca, la cosa aún no ha llegado tan lejos.

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/02/baleares/1325495763.html

El declive de los vigías de la ciudad

23 Nov
  • Dos de los cinco molinos de Es Jonquet amenazan derribo

  • Los vecinos exigen a Cort que los expropie

  • Su rehabilitación, pendiente de un PERI que no estará listo antes de 2013

El cuerpo derrumbado; los brazos amputados; la cabeza al aire. Los molinos de Es Jonquet podrían ser pero no son. Tienen una de las vistas más privilegiadas de la ciudad –sus arcos son un balcón al mar– y cuentan con una belleza y una historia que puede ofrecer mucho a Palma, dándole un valor que la aleje de la creciente uniformización y monotonía de las ciudades turísticas mediterráneas. Sin embargo, permanecen olvidados y degradándose a pasos agigantados, a medida que el tiempo pasa y que el ámbito público y privado no se ponen de acuerdo en cómo resolver su futuro.

Molinos d'en Garriga y d'en Gelós (Cati Cladera)

Antes que nada una salvedad: no son todos. De los cinco molinos que hoy siguen en pie –según documentos históricos llegó a haber entre siete y nueve–, dos están en buen estado: el Molí del Nom de Déu y el Molí d’en Garleta. En cambio, los otros tres se encuentran en unas condiciones ruinosas. Son los molinos D’en Carreres, D’en Garriga i D’en Gelós. Estos dos últimos son los que amenazan ruina y los que han generado un mayor número de protestas y de informaciones periodísticas.

Y eso que en teoría son Bien de Interés Cultural (BIC). El Consell de Mallorca les otorgó está figura de protección en noviembre de 2009, a petición de la plataforma Salvem Es Jonquet y sin que de momento se haya derivado ninguna medida encaminada a su rehabilitación. No es extraño que lo hiciera: se trata de un conjunto de molinos harineros del siglo XVII que durante centenares de años han formado parte de la postal –y en su día, de la economía– de Palma. Un plano de 1644 ya documenta su existencia y son, en definitiva, una parte muy importante de la historia de la ciudad.

Entonces, ¿cuál es el problema? Básicamente, que son de propiedad privada. Si los molinos del Nom de Déu y D’en Garleta están rehabilitados es porque el Ayuntamiento los expropió a lo largo de la década de los 80. No ocurrió lo mismo con los otros tres, ya que cuando estaba a punto de iniciarse el proceso, el entonces alcalde –Joan Fageda– llegó a un acuerdo con los propietarios: se comprometían a repararlos y mantenerlos en buen estado. No hace falta decir que nunca lo hicieron.

Empezó a partir de entonces un creciente proceso de degradación que hoy ya amenaza, directamente, la pervivencia de estas dos construcciones, que antes del declive albergaron la popular discoteca Jack el Negro. Hace tan sólo unas semanas –en el mes de septiembre–, se desplomó parte del techo del molino D’en Garriguera. Y en estos momentos, pese a que el Ayuntamiento anunció que los tapiaría, sigue habiendo huecos en las rejas que permiten que los indigentes los ocupen, poniendo en riesgo su vida.

La solución al problema parece pasar por la redacción de un Plan Especial de Reforma Interior del barrio de Es Jonquet, anunciada en repetidas ocasiones por el Ayuntamiento de Palma y que está siendo uno de los partos administrativos más largos de los últimos tiempos. La redacción del plan salió a concurso en enero de 2011 y a día de hoy está adjudicada por la mesa de contratación a un equipo de arquitectos sin que todavía se haya empezado el trabajo. El motivo: la Junta de Gobierno de Cort aún no ha adjudicado “formalmente” el proyecto, según señalaron a este periódico fuentes de la Gerencia de Urbanismo. Cuando lo haga, el proceso de elaboración se alargará durante 15 meses más. Es decir: antes de 2013 no estará hecho.

Derrumbes en uno de los molinos (Cati Cladera)

Y el equipo político de Urbanismo no dará el visto bueno a la adjudicación hasta que haya estudiado con detalle la situación, que es lo que está haciendo en estos momentos. Se trata de analizar las implicaciones del BIC para la zona. Porque ese es el quid de la cuestión. Y no sólo en lo que hace referencia a los molinos.

Hay, efectivamente, otra cuestión sensible: la de dos proyectos urbanísticos en jugosos solares situados en la primera línea de Es Jonquet. La primera de ellas, que es la más importante y se sitúa en los terrenos denominados Mar i Terra, corre a cargo de Acciona y, de llevarse a cabo, supondría la construcción de 113 viviendas, un parking excavado en el talud en el que hoy se asoman los molinos y también un centro comercial. La segunda, ubicada en la parcela de Es Rentadors, contempla la construcción de 20 viviendas.

Los vecinos se oponen frontalmente a estos dos proyectos, al tiempo que reivindican la expropiación inminente de los molinos D’en Garriga y D’en Gelós.

Según los responsables políticos del Pacte, tanto el BIC como el posterior PERI deben evitar estos proyectos urbanísticos, pero hoy todo está en el aire. Con tanto contratiempo, lo que parece extraño es que los molinos de Es Jonquet sigan vigilando la ciudad desde su atalaya. Mientras, muchos de sus hermanos –o primos– van muriendo en el campo. Ya lo canta Toni Morlà: “Cementeri de molins / és tot es camp de Mallorca / que si fa vent no importa / són bubotes es mesquins”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/16/baleares/1318760919.html